miércoles, noviembre 15, 2017

Diez días seguidos de bajada del Ibex

Con su bajada de ayer, del 0,59% el Ibex dijo adiós a los 10.000 puntos y encadenó una racha de diez días seguidos de bajada, igualando el récord de jornadas de pérdidas consecutivas. Si hoy se repite el descenso estaremos ante la peor racha de sesiones de la historia del selectivo madrileño. Suceda eso o no, y créanme que hay récords que no compensa batir, el sentimiento de mercado se está estropeando bastante, pasando de la euforia que se vivió hasta la primavera de este año a una impresión más sombría. ¿Responde este cambio a un viraje en la tendencia económica de fondo o es sólo una corrección bursátil aislada? No lo se, pero espero que sea lo segundo y temo lo primero.

El inicio del año en las bolsas fue excepcional. En pocas ocasiones han coincidido todos los analistas entrevistados, que otorgaban a 2017 unas perspectivas de subida excelentes, y más en las bolsas periféricas, una de las cuales es la nuestra. Y en efecto, esto es lo que sucedió hasta marzo abril, en el que el Ibex y sus valores subieron con una determinación espectacular. Muchas carteras se encontraron, cubierto el primer cuatrimestre, con unas rentabilidades altísimas, que si fueran las del conjunto del año darían para festejar una Nochevieja histórica. Partiendo del 9.418 el 2 de enero, se alcanzó un máximo de 11.135 el 5 de mayo. Y a partir de ahí empezó un lento goteo, una estabilización que poco a poco iba perdiendo niveles, sin mucho ruido, pero con una constante bajada. Muy rápido se perdió la cota del 11.000, y el rango de 10.100 – 10.500 ha sido en torno al que nos hemos movido durante meses, sin perforarlo ni superarlo. A medida que el desastre catalán iba tomando cuerpo el Ibex se quedaba, claramente, rezagado del resto de mercados, lo cual es muy lógico. La bolsa americana y algunas europeas alcanzaban máximos históricos día tras día mientras nosotros nos pegábamos un tiro en el pie delante de las televisiones de todo el mundo. Nos perdimos una potencial subida en esos meses, y ahora que parece que la crisis catalana se encauza, que no arregla, los mercados globales empiezan a mostrar, desde esos máximos, esperables síntomas de debilidad, casi hasta sanos, y han comenzado a gotear a la baja, lo que arrastra a nuestro selectivo. ¿Eso lo explica todo? En el caso de la bolsa es muy fácil encontrar explicaciones a posteriori que justifiquen lo que no se supo ver a priori, por lo que no esperen milagros de mi opinión (y, la verdad, de la de nadie). Los bancos centrales ya han anunciado que empieza el recorte de la barra de liquidez extraordinaria diseñada para sobrevivir al desplome de la crisis, y gran parte de esa liquidez ha sostenido el mercado de bonos y acciones. Retirarla será como ir privando de muletas a un señor que todavía cojea o bajar la dosis de droga al adicto que a ella se ha enganchado. Se generaran problemas, incrementos de volatilidad y reajustes en precios de activos que, hoy en día, para nada reflejan los llamados “fundamentales” porque todos son altos gracias al exceso de liquidez. Habrá ganadores y perdedores, como siempre, y se hará dura la vuelta a la normalidad. Pero claro, la economía real va por su lado y la que tenemos hoy en día no se parece en nada a la que hubo antes de la crisis, aunque se puedan estar gestando también burbujas en su interior (¿es una de ellas la actual cotización de la bolsa de EEUU o la del mercado de bonos? Enorme pregunta). La “uberización” creciente de servicios, la digitalización de todo, el constante auge asiático y el imparable envejecimiento occidental cambian el panorama global. Las variables económicas empiezan a no responder como era de prever según los modelos.


¿Dónde está la inflación que tenía que aparecer tras esa política monetaria salvaje practicada por los bancos centrales? ¿Se la ha comido la trampa de liquidez? ¿El spmartphone, derrumbando precios de servicios asociados, se la ha tragado? ¿Está esperando para dar un zarpazo? ¿Por qué los salarios no suben en economías como la norteamericana que tienen tasas de paro de pleno empleo? ¿por qué la productividad sigue estancada? ¿Puede subir la bolsa sin que esa productividad logre hacerlo? Montones de preguntas, y muchas más, para las que no tengo respuestas, y que dejan el comportamiento del Ibex en algo un poco anecdótico, aunque pude ser la señal de turbulencias futuras que, por una u otra causa, se están formando en el horizonte.

martes, noviembre 14, 2017

Desde Rusia, con internet y sin amor

El año pasado tuvimos, delante de nuestros ojos, la evidencia de hasta qué punto los bulos y falsedades sembrados en internet causaban efectos políticos reales. Las dos grandes decisiones de ese año, el Brexit y Trump, en las que el mundo anglosajón se suicidó delante de todo el planeta, lo que no le sirve como freno para seguir presumiendo de todo y dar lecciones da a todo el mundo, pase lo que pase. En esas elecciones las campañas se llenaron de mentiras, bulos, rumores y otras ponzoñas, calificadas de manera eufemística como “postverdad”. Los efectos de tanta mentira fueron nocivos, y hoy los vemos con claridad en la política de esos países.

Si uno cree que su país o sociedad es inmune a todos estos fenómenos es que no ha entendido qué es esto de la globalización en la que vivimos. En Europa continental la mentira política está instalada como en todas partes, aunque de momento hemos conseguido que, por los pelos, no se haga con el poder, pero es evidente que va en auge. Movimientos xenófobos como el Frente Nacional francés o la extrema derecha alemana la utilizan día tras día, y sus resultados electorales son muy buenos. Lo interesante de este fenómeno es que se viste con trajes distintos en función del electorado al que se dirija, buscando la eficacia por encima de todo. A primera vista pocas son las coincidencias ideológicas entre un británico de extrema derecha como Nigel Farage y un dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya, pero están unidos por vínculos muy estrechos, y profundos. Ambos necesitan la mentira, la intoxicación para crecer. Uno puede hacer creer a los residentes en las islas que Bruselas les roba y otro propagar que es España quien “ens roba” cuando ambos están diciendo lo mismo, acudiendo al mismo supermercado de discursos políticos. Y sus tácticas son muy similares, sus campañas de propaganda, su forma de movilizar… tantos parecidos que resultan no sólo sospechosos. ¿Quién está detrás de todos estos grupos? ¿Quién financia y adoctrina sus estrategias? ¿Quién apoya en las redes y en el conjunto de internet a estos movimientos? Es difícil saberlo, porque el anonimato que está en la base misma del diseño de internet impide a ciencia cierta saber la persona o el lugar desde el que se produce el bombardeo de propaganda. En EEUU llevan meses investigando la ingerencia rusa en las elecciones de hace un año, negada con tanta vehemencia por Putin y Trump que la hace muy factible. Va a ser muy difícil poder probar que el gobierno ruso está detrás de todos estos movimientos, o que los apoya y financia, porque si es así bien se habrán encargado los servicios secretos rusos de ocultar su papel y crear pantallas y estructuras que opaquen su presencia. Pensemos de otra manera y, usando el aforismo ese que dice que para resolver un caso mira quién gana con su ejecución, pensemos en qué beneficia a Rusia una desestabilización occidental. El país de Putin está sumido en una crisis económica, demográfica y existencial desde hace tiempo. Su tecnología se ha quedado atrás y el poder que detenta se basa en viejas estructuras, muy efectivas, pero que no ofrecen relevo. La táctica de debilitar a los rivales para que no parezcan tan fuertes no es mala, y la desunión de los rivales ayuda a los propósitos de una nación, la rusa, que es un continente en sí misma. A Putin, y no sólo a él, le viene muy bien que Europa esté sometida a tensiones, sean estas en Ucrania, Reino Unido o Cataluña, porque debilita la posición europea, lo que directamente refuerza la suya.


Más allá de la posible detención de hackers individuales, resulta evidente que Rusia, y otros países como Corea del Norte y China, poseen instituciones dedicadas al ciberespionaje y al activismo. Lo sabemos muy bien porque también conocemos como la NSA norteamericana se dedica a fines similares. Cataluña es el último de los casos, pero habrá otros más en el futuro, y cada vez más intensos, dada la credulidad de las sociedades modernas, el nerviosismo de todos ante un futuro que corre más de lo que somos capaces de entender y el desprestigio de los medios de comunicación tradicionales, que ha sembrado el terreno para que crezcan los fabricantes de bulos, amparados en herramientas geniales como Facebook o Twitter que, mal usadas, pueden ser devastadoras. Bienvenidos al frente de guerra del siglo XXI.

lunes, noviembre 13, 2017

El frío ya está aquí

No llueve, y cada vez hace más falta que lo haga. Salvo las precipitaciones, abundantes, que caen en el Cantábrico, regando aquellas tierras y desaguando hacia el mar, y la nieve caída en Pirineos, que permite abrir las estaciones de esquí y dar esperanza de una buena temporada a operadores y hosteleros de la zona, no llegan frentes atlánticos. De vez en cuando algún hecho raro genera un ocasional día de lluvia, pero que no es seguido por ningún otro, sino por largas semanas de estancado anticiclón, monótonos días de Sol emergente y poniente y ausencia total de nubes y otros fenómenos. Hay previsiones optimistas para la semana que viene, pero ya no me fío.

Lo que sí ha llegado es el frío. Y le ha costado esta vez, tras casi seis meses de verano. Prácticamente desde mayo a octubre, ambos inclusive, se han vivido jornadas interminables con temperaturas por encima de los treinta grados en Madrid y mucho más en zonas del sur peninsular, en un verano que tuvo sus extraños altibajos en julio, pero que desde mediados de ese mes encarriló sus jornadas típicas como las cuentas de un infinito collar, indistinguibles. Llegado septiembre sólo la hoja del calendario y la actividad escolar y laboral indicaban que el verano había terminado, y lo mismo pasó con octubre. Terrazas llenas, noches cálidas, mañanas agradables y mediodías de sol a plomo en gran parte del país, sin apenas una gota de agua. Los vendedores de abrigos notaban el calor en sus venas y sentían un frío virtual en sus ingresos, derivado de la ausencia del real en la calle. Los mostradores de chanclas y camisetas seguían atestados de clientes, que miraban a los abrigos y sus vendedores como si de un ejército de zombis se tratasen. Noviembre empezó y, durante unos pocos días, el estío se mantuvo, pero ya no podía más, su alargada vida, tan antinatural, era exagerada, como la que siente con desagrado Bilbo Bolsón al inicio de El Señor de los Anillos, y expiró con un valiente frente frío que, hace un par de fines de semana, consiguió penetrar en la península, dejó lluvias más o menos intensas y generalizadas del cuatro al cinco del mes y, como recuerdo, una bajada de temperaturas que se mantiene desde entonces. Ese frente se llevó los treinta grados, y también los veinte. Pasamos en un par de días de la manga corta a la chaqueta, y en otras dos jornadas al abrigo. Los de las chancletas de la tienda, extenuados, por fin pudieron coger el descanso merecido, y los zombies de los abrigos empezaron a revivir a medida que la clientela cambiaba de mostrador o de planta, en busca de unas prendas o complementos que ya pensaba que no iban a ser usados este año. La facturación del comercio textil se empezó a animar y, casi con las ofertas del tonto viernes negro en la cabeza, y poniendo los primeros espumillones navideños, se empezaron a vender bufandas, gorras, abrigos y botas, en el año del eterno verano. Los que siguen sin hacer un gran negocio son los del paraguas. En Madrid los últimos meses se han saldado con un día de lluvia por cada treintena, de tal manera que la probabilidad de mojarse, o el riesgo de sufrirlo, si así lo prefieren, es tan bajo que puede uno vivir perfectamente sin protección. Y si llega el día que toca agua, se moja y tiene todo el resto del mes para secarse. ¿Se romperá esta endiablada secuencia? Ojalá. También el calor se fue, pero ya han visto lo que ha costado. Pregunten a sus vendedores de abrigos su opinión sobre el tiempo este año y se unirán a agricultores y otros afectados en una retahíla de insultos, tacos y expresiones soeces de todo tipo, que quizás les hagan entrar en calor y, con un poco de mala suerte, hacer ponerse en mangas de camisa.


No me gusta el frío, lo reconozco. Me aletarga e incomoda mucho. Se hace desagradable la sensación de salir de casa, de dejar la protección y temperatura adecuada para pisar una calle en la que el viento y la sensación son desagradables, hoscas y hostiles. Es necesario, higiénico, limpiador y natural, pero me incomoda. Lo mejor del frío es acudir a un local cálido, tomar un café caliente y, desde el interior, ver cómo ahí fuera la temperatura hace a la gente moverse rápido, en busca de un calor corporal o un refugio en el que guarecerse. Y siempre temiendo el momento en el que uno se convierta en uno de esos buscadores de refugio, que ansían escapar del frío, que ya, por fin, está aquí.

viernes, noviembre 10, 2017

Barcelona pierde la Agencia Europea del Medicamento

Ayer, festivo en Madrid capital, todos los ojos de la actualidad estaban puestos en el Tribunal Supremo, donde comparecían Carma Forcadell y el resto de miembros de la mesa del Parlament. Tras haber traicionado a la Constitución que juraron, Forcadell y resto decidieron traicionar a sus compañeros de sedición para eludir la cárcel y salvar su pellejo, por lo que preventivamente han sido condenados al pago de fianzas que les otorgan la libertad. Sólo Forcadell ha pasado esta noche en la cárcel. Previsiblemente abone hoy los 150.000 euros exigidos (se los puede pasar Xavir Trias de su trust) y saldrá a la calle

A donde no miraba ayer ojo alguno era a la torre Agbar de Barcelona, edificio moderno diseñado por Jean Nouvell, que se encuentra al principio de la Diagonal: Ese rascacielos con iluminación llamativa y cierto aspecto fálico, ahora vacío, va a seguir así durante un buen tiempo, y es una pena. Era la sede, flamante, emblemática, de lujo, que ofrecía Barcelona a la UE para alojar la Agencia Europea del Medicamento, EMA en inglés, que dejará Londres tras el Brexit. Varias son las ciudades europeas candidatas a alojar esta agencia, y Barcelona era la indiscutible favorita para llevarse el gato al agua, antes de que la deriva soberanista y su locura lo ensombrecieran todo. Con el paso de los meses, y a medida que se acercaba el momento de defender oficialmente la candidatura, cosa que sucedió hace pocas semanas, el optimismo de la delegación española se tornó en amarga realidad. Todo era la bronca y disturbios del 1O, las soflamas de Puigdemont y el espectáculo de la intolerancia nacionalista. A Bruselas acudieron representantes del gobierno central, CCAA y ayuntamiento, tratando de hacer piña, pero sus caras eran reflejo de un fracaso anunciado. Ayer el FT daba por descartada a la ciudad condal y otorgaba a Bratislava y, especialmente, Milán, como finalistas de la carrera. Cerca de mil profesionales de alto nivel económico y conocimientos forman parte de esta agencia, y junto a ellos se desplazarán numerosos representantes del sector, uno de los más potentes del mundo en inversiones, I+D+i y capacidad de lobby, en lo que será uno de los polos de generación de riqueza más obvios y jugosos imaginables. La EMA, junto a la EBA, la agencia bancaria, son las dos joyas que estaban situadas en Londres (chicos listos los británicos, se quedaron con lo que más dinero otorga) y la marcha de ambas, además de un golpe para la capital británica, será un regalo para las ciudades que las acojan, sonando Frankfurt como destino obvio del organismo financiero. Empleos de calidad, riqueza, relevancia internacional, peso específico en el sector y todo tipo de sinergias y oportunidades asociadas se dan en la localización de estas instituciones, y Barcelona las ha perdido de golpe gracias a la irresponsable actitud de su dirigencia, por así llamarla. Y decir que Barcelona las ha perdido es decir que España las ha perdido, en lo que es otro fracaso, en esta ocasión por causas diferentes, a la hora de otorgar a nuestro país una representación en las instituciones comunitarias acorde a la dimensión de nuestra economía y sociedad. Estamos infrarrepresentados en la dirigencia europea, tanto por el hecho de que no nos valoran lo debido como que no nos lo trabajamos, y una cosa con otra generan vacíos que otros estados miembros ocupan con gran celeridad. Lograr la EMA hubiera sido un triunfo para el país, y perderla es, otra vez, un fracaso en el juego de poder europeo. Y gracias al procés y la imagen que los independentistas están sembrando de nuestro país, no esperen que logremos nada en mucho tiempo.


Hoy Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Anna Gabriel y todos los que forman parte de la locura independentista debieran explicar a los vecinos de Barcelona el por qué la ciudad no va a acoger una inversión tan beneficiosa, y va a dejar escapar miles de empleos de calidad, todo por su locura secesionista. El nacionalismo sólo genera pobreza, fracaso y frustración, y eso en el mejor de los casos. Cataluña está perdiendo muchísimo dinero, cada día, por la ceguera identitaria de todos esos alocados personajes, y dinero que pierde Cataluña es dinero que perdemos todos los españoles. Qué fracaso más grande el de todos, que envidia de los que acojan la EMA. Nos deben una copa, porque se la hemos regalado.

miércoles, noviembre 08, 2017

Un año, ya, de la victoria de Donald Trump

Desde que vivo solo en Madrid disfruto de las noches electorales norteamericanas, cosa que sería imposible en casa materna. Me voy un poco antes a la cama, duermo dos o tres horas y a eso de las dos de la mañana me levanto y sigo la programación especial, viendo cómo caen los estados para uno u otro lado, en un sistema de votación extraño, algo anticuado, y con sesgos derivados de su carácter mayoritario puro, que sigue siendo ejecutado el primer martes después del primer lunes de noviembre, cada cuatro años en las presidenciales, desde hace más de dos siglos. Un ritual democrático del que pueden orgullecerse los norteamericanos.

La democracia garantiza legitimidad, pero no acierto. Hace cuatro años, cuando Florida cayó para Trump, empezaron a levantarse fantasmas asustados que, poco después, serían de cuento de terror. A estas horas de la mañana ya sabíamos que Trump, el peor candidato imaginable, el más populista, abusón, simplista, demagogo, mal formado y bochornoso de los candidatos posibles, se hacía con el cetro del poder de la nación más poderosa del mundo. Glups. Lo inimaginable había sucedido, tras un año en el que, elección a elección, Trump había ido eliminando a rivales republicanos que, salvo excepciones, demostraron ser al menos tan inútiles como él. La campaña con Hillary fue sucia, tanto por lo que vimos y oímos como por lo que no, que poco a poco sale a la luz, aunque quizás nunca tengamos muy claro hasta qué punto las influencias externas, principalmente rusas, fueron determinantes para lograr la derrota demócrata. Para eso habrá que investigar mucho y conseguir pruebas certeras y, un año después, estamos más cerca de tenerlas, pero es cierto que aún no están. Transcurrido este tiempo, ¿qué podemos decir de la presidencia de Trump? Lamentablemente, lo más acertado es que se equivocaron aquellos que afirmaban que el poder domaría al payaso, que la responsabilidad le haría comportarse de una manera más ajustada a derecho y a lo convencional. No, Trump es el personaje que parece, y tiene una edad en la que ya le da igual casi todo. Su actitud ha sido la de un fanfarrón que, entrando en una casa, se dedica a perturbarlo todo. A lo largo de este tiempo ha desequilibrado la situación de EEUU en el contexto global, haciéndolo pasar de actor decisivo para la estabilidad global y defensor de los valores occidentales a foco de incertidumbre y comportamiento antisocial. El proteccionismo, algo inaudito, figura en la agenda norteamericana, tanto en la faceta económica como en la política. Los aliados, europeos y del resto del mundo, empiezan a ver a Washington como un problema más que una fuente de soluciones. La retórica populista de Trump es igual de básica y errada sea cual sea el problema, y trata las crisis internacionales de calado, como la de Corea del Norte o Irán con la misma bravuconería con la que se mete con los medios de comunicación que le critican, de tal manera que los tuits que dedica a King Jon Un o al New York Times podrían ser perfectamente intercambiables. Su ignorancia se manifiesta en decisiones como la retirada de EEUU del tratado por el clima de París o la restricciones de fondos para programas de investigación médica. Sólo la bolsa, que sigue subiendo, marcando máximos históricos, y la economía, que se mantiene fuerte, parecen ajenas al vendaval Trump, demostrando que los ciclos económicos viven ajenos a las decisiones de los gobernantes y que, pese a la ineptitud, la economía subirá hasta que no pueda más y empiece a caer.


Lo peor que ha hecho Trump en este año de mandato es haber sembrado la división dentro de los propios estadounidenses. Incidentes como el de Ferguson este verano han vuelto a reabrir la herida entre supremacistas y defensores de los derechos humanos. Trump gobierna claramente “frente a” parte de la sociedad de su país, actúa orgulloso contra lo que considera una versión blanda, progre y falaz del norteamericano, y ha despertado fantasmas que, con dificultad, permanecían encerrados en la sociedad americana, que desea en su conjunto que esas pesadillas no se reaviven. Como Puigdemont y sus secuaces, Trump está siendo muy efectivo a la hora de dividir, fracturar, romper la sociedad que dice gobernar. Ese es su principal pecado, la mayor de las taras que arrastramos desde su llegada al poder.

martes, noviembre 07, 2017

Kevin Spacey, actor vs persona

Dijo una vez Pérez Reverte que una de sus mayores suertes es que los literatos a los que más admira (Sthendal, Dumas, Conrad…) llevan un tiempo muertos y no hay posibilidad alguna de conocerlos, y así el cómo fueron como personas no afecta a la valoración de sus obras. No nos pasa lo mismo con los artistas que conviven hoy en día con nosotros. Apreciamos su trabajo, más o menos, pero su vida y comportamiento nos influyen a la hora de valorarlo, y no debiera ser así, porque son dos planos distintos de la realidad, que no tienen por qué coincidir. Ser un gran escritor, pintor o actor, por decir tres profesiones artísticas, no tiene nada que ver con ser buena o mala persona.

El escándalo Weinstein, que ha puesto sobre la mesa la figura del abuso de poder que, desde siempre, se practica en Hollywood y en todas partes en las que hay poderosos y necesitados, amenaza con llevarse por delante la carrera de muchas figuras de relumbrón. Acosados de edades diversas se han atrevido a contar sus crueles experiencias y eso está poniendo en la picota no ya al productor caído en desgracia, sino a otras figuras mucho más relevantes, por su exposición pública. Kevin Spacey está ahora mismo en el ojo del huracán. Ganador de dos Oscar (secundario por Reservoir Dogs y principal por American Beauty, creo recordar) actor de teatro muy premiado y jefe de la televisión a través de su presidencial “House of Cards” lo que en principio fue una denuncia individual de un actor que, hace décadas, sufrió abusos de su mano se ha convertido en una catarata de acusaciones y demandas, mostrando al parecer una conducta rayana en la psicopatía. El término “depredador sexual” se ha citado en varias ocasiones por parte de compañeros del actual rodaje y de pasadas estancias londinenses del actor en su faceta teatral. La carrera de Spacey corre serio peligro una vez que Netflix, la productora de la serie televisiva, ha cancelado el rodaje de la misma y exige, para continuar, cargarse al personaje que interpreta el actor, que es el protagonista absoluto. Ahora, recluido al parecer en una de esas clínicas carísimas en las que los de Hollywood dilapidan sus fortunas para, dicen, curar sus adicciones (y enriquecer a los que se hacen pasar por curadores) Spacey tiene toda la pinta de acabar siendo un apestado por aquellos que, durante tantos años le admiraron, encubrieron, taparon y conocieron algunas de sus, presuntamente, soeces prácticas. Quizá llegue un día, subidos a la ola de lo políticamente correcto en la que vivimos, en el que la Academia le despoje de sus Oscar, y así se cierre la carrera de actor del personaje. No lo se, pero tampoco lo descarto. ¿Y qué opino yo de todo esto? Pues lo que señalaba al principio, que se deben separar los dos planos vitales de la persona, y que el Spacey actor no es el Spacey persona. Si las acusaciones se demuestran el malo de Kevin puede acabar entre rejas por una buena temporada, cosa que es lo correcto, y ahí debe estar si así es, pero ¿qué influencia tiene eso sobre el valor de sus películas y actuaciones? ¿las reduce o descalifica? Se que es difícil permanecer frío ante esta realidad, pero creo que es lo correcto. El buen desempeño de la profesión, sea la que sea, ni absuelve ni justifica conductas delictivas de ningún tipo, pero al revés, el delinquir no hace que un trabajo bien hecho sea peor o mejor. Los Oscar que ganó Spacey se los llevó por enormes interpretaciones en películas muy buenas (American Beauty me sigue pareciendo de lo mejor que he visto en mi vida) y si, tras los juicios que vendrán, se pasa el resto de su vida entre rejas, es lo justo y debido, pero sus papeles seguirán siendo igual de buenos. Se que nunca se verán así, pero lo son. Y es que como nos pongamos a escarbar en la vida de todos los creadores que en el mundo han sido, descubriremos tachas personales, y en muchos casos delitos muy graves, que alterarán nuestro juicio de su obra.

Lo que tiene que quedar claro, muy claro, del caso Weinstein Spacey etc es que el abuso de poder debe ser perseguido sin descanso, en el entorno del cine y en todos aquellos en los que se de, que son casi todos. Aquellos hombres que acosan y se aprovechan de mujeres porque creen que pueden deben ser desenmascarados, perseguidos, acusados y condenados si se demuestra su delito, y debe desaparecer ese halo de protección que, en el caso Weinstein, ha durado décadas y generaba hasta chistes maliciosos por parte de quienes sabían lo que pasaba y no actuaban para evitarlo (eran actores en muy mal sentido del término). Pero, reitero, eso no debe ser utilizado para valorar de otra manera las obras creativas. Son dos planos muy distintos y, en demasiadas ocasiones, contrapuestos. Aquí tampoco valen las posturas "buenistas" o maniqueas.

lunes, noviembre 06, 2017

MBS ejecuta una gran purga en Arabia Saudí

Tremendo fin de semana en lo que hace a la actualidad informativa, sin que para ello haga falta recurrir a la noticia que lo llena todo y ahoga a las demás. Gracias a ella, lo que son breves en el Telediario son historias enormes que no pueden ser tratadas con la intensidad y tiempo requerido. Es una pena. De entre las de estos dos días la más relevante me parece la acaecida en Arabia Saudí, ese país lejano, tan importante, rico en recursos como atrasado en mentalidad, lleno de príncipes que rigen de manera feudal los destinos de su harén, que es como consideran a toda la nación. Tras dos días convulsos, algunos de esos principitos saudíes han acabado entre rejas.

El sábado por la tarde empezaron a surgir noticias sobre detenciones en Riad, pero no las habituales; mujeres, occidentales, impíos, depravados a los ojos del régimen, extranjeros que trabajan como esclavos, etec. No, en este caso se trataba de algo interno, de un movimiento del poder contra otro poder, es decir, de luchas intestinas en la familia Saud, el clan que fundó el país y lo dirige con mano firme. MBS, que son las siglas de Mohamed Bin Salman, es actualmente el hombre fuerte del régimen. Con poco más de treinta años, hijo del actual monarca, ostenta los cargos de Ministro de Defensa, posee enromes competencias en el área económica y lidera un proyecto para modernizar el país y transformar su economía del actual monocultivo del petróleo hacia un modelo mixto, como ya lo han logrado en parte en los sultanatos de EAU. MBS también tiene una visión menos rigorista del islam, del wahabismo integrista que domina en el país y que el dinero saudí exporta a todo el mundo. Esa visión se traduce en la permisividad a la hora de que las mujeres puedan conducir, caso que ha causado bastante polémica hace unos meses en todo el mundo, e indignación entre los fundamentalistas suníes de Riad (sí, sí, aquí el aperturismo se mide a través de tan estrechas franjas). El movimiento de este pasado sábado fue llevado a cabo por la comisión para la lucha contra la corrupción, o algo así, un ente creado hace apenas un par de días y que preside, vaya vaya, MBS, y se ejecutó de manera rápida y eficaz. Decenas de príncipes, exministros y altos cargos del régimen y afines fueron detenidos bajo acusaciones de corrupción, en lo que ya se interpreta como un golpe de mano de MBS para desactivar movimientos que estarían tratando de desestabilizar su posición. MBS ya acumula un enorme poder dentro del régimen, pero su osadía también le ha generado enemistades, y no sólo por lo que antes he comentado. Apenas sale en las noticias, pero Arabia Saudí sigue embarcada en una cruel guerra en Yemen, su vecino pobre del sur, en la que las atrocidades cometidas por el ejército saudí no van muy a la zaga respecto a las de las huestes de Asad en Siria. Esta guerra, que no avanza, empieza a ser criticada desde esferas privadas y del poder de Riad, no tanto por el coste que supone sino por el riesgo para la seguridad del reino. Hubo rumores el sábado noche de un misil yemení que se acercó a Riad, algo que no había sucedido nunca en los años que llevamos de guerra. En fin, muchos frentes tiene MBS para hacerse con todos los resortes del poder, pero parece que poco a poco los va controlando. Entre los detenidos está Alwalid Bin Talal, una de las mayores fortunas del mundo, ocupa un puesto en torno al cincuenta en la lista Forbes, y que posee enormes inversiones en empresas occidentales que cotizan en Wall Street, por lo que no es descartable algún movimiento en la bolsa neoyorkina tras lo sucedido.


Arabia Saudí es un país trascendental en la zona y estratégico para el planeta. Residencia de los santos lugares del islam, potencia suní enfrentada eternamente a Irám, potencia chií, posee un ejército que no deja de crecer a base de inversiones desaforadas, decididas el último tiempo por, como no, MBS, fruto también de una política expansionista que le sitúa en todos los frentes conflictivos de la región, que son infinitos. Con una población muy joven, ociosa, y una economía que más allá del petróleo no genera riqueza alguna, los retos de aquella monarquía para mantenerse en el poder absoluto y controlar el país con un barril de crudo barato y cada vez más decrépito son inmensos. Mucha atención a lo que allí pase en los próximos años.

viernes, noviembre 03, 2017

El terrorismo y Trump

El martes Nueva York sufrió un atentado islamista que, por la forma en la que fue cometido, recuerda demasiado a la atroz matanza perpetrada en Las Ramblas de Barcelona a finales de agosto, en una acto criminal que, con una atroz amnesia, ha sido sepultado en nuestras memorias por la inquina independentista, después de ni siquiera un decente homenaje a las víctimas de aquella barbarie. Ambos hechos, el de Barcelona y Nueva York, fueron perpetrados por un conductor que embistió a un grupo de ciudadanos inocentes, aunque en el caso catalán la matanza era la punta del iceberg de una trama yihadista y lo de Manhattan parece, de momento, obra de un sujeto aislado.

Es este el primer atentado de corte yihadista que sufre la ciudad después de la atrocidad del 11S y, creo, el primero de este tipo con Trump en la presidencia. No es su primer acto terrorista, porque no se puede calificar de otra manera, por ejemplo, la salvaje matanza perpetrada en Las Vegas hace unas semanas por un tirador solitario, pero este que hoy nos ocupa vuelve a poner al islamismo en el ojo del huracán de la actualidad en EEUU, y al frente del mismo se encuentra un sujeto que no ofrece garantía alguna sobre cómo poder afrontarla. Trump, que en sus tuits anteriores a la elección decía que acabaría con el terrorismo de un plumazo, mantiene la misma visión simplista y maniquea desde la Casa Blanca, en este y en todos los demás temas, y eso es una receta segura para equivocarse. Ante lo sucedido en Manhattan ha calificado al terrorista de animal, ha pedido que sea trasladado a Guantánamo y ha solicitado para él la pena de muerte, en lo que es una pequeña muestra de cómo entiende Donald el concepto de separación de poderes. Lo único bueno de lo sucedido en Manhattan es que el autor está vivo, y pude ser interrogado por las autoridades. Uzbeko, de menos de treinta años, Sayfullo Saipov, que así se llama el terrorista (no se por qué, pero me da la risa cada vez que pronuncio ese nombre y apellido) se ha mostrado muy orgulloso de lo que ha hecho, ha reconocido su filiación al Estado Islámico, filiación vía adhesión unilateral por su parte, y al parecer se ha radicalizado por internet, donde también obtuvo material de entrenamiento para preparar su acto, que le ha llevado algunas semanas de planificación. No muestra síntoma alguno de arrepentimiento y, por lo que he leído por ahí, sólo lamenta no haber causado más víctimas, ya que quizás considere que es escaso el fruto obtenido tras su sacrificio. Si el capullo de Sayfullo no tiene cómplices ni redes de apoyo, cosa que habrá que estudiar muy en detalle, estaríamos ante el caso del lobo solitario que tanto se menciona en estas ocasiones, y que resulta prácticamente imposible de prevenir y esquivar. La presencia de células organizadas, como la que se creó en torno a la casa de Alcanar en el atentado catalán, permite más puntos de fuga de información y aumenta las posibilidades de ser detectada, y pese a ello pudimos ver en aquel momento que la célula sólo se destapó una vez que se produjo el error que llevó a la voladura de la base operativa. Por eso, ante todo tipo de terrorismo, pero más si cabe ante éste, hay que ser cautos, pacientes y reflexivos, y actitudes como las de Trump son de lo más nocivas. Se inclina el Presidente por aumentar la intensidad de su veto migratorio y suprimir la lotería de visados, sin que se pueda afirmar que ninguna de estas medidas tendrá efectos disuasorios sobre presuntos terroristas que, muy probablemente, lleven mucho tiempo en EEUU, y sean oriundos de allí o del extranjero. Tenemos ya una amplia muestra de atentados para ver terroristas nacidos en los países en los que actúan, y las fronteras legales no frenan un mal que se transmite mediante ideas. Esto es mucho más difícil, pero claro, Trump no lo puede ver.

Entre las víctimas del atentado de Manhattan, casi todos ciclistas, está un grupo de argentinos que se conocían desde hace décadas, cuando coincidieron en la escuela, en la versión porteña de nuestra EGB, y que para celebrar los treinta años de haber terminado el colegio acudieron a Nueva York en un viaje conjunto. Pedaleaban, junto a otras tantas personas, por el carril bici de la calle Chambers, en el bajo Manhattan, en una zona reformada hace pocos años que ha mejorado mucho, disfrutando de un agradable día de finales de octubre, incapaces de sospechar que la muerte, en forma de conductor asesino, de yihadista, de mente lobotomizada por el fanatismo, saldría a su búsqueda y los encontraría. Qué dolor y pena.

jueves, noviembre 02, 2017

Puigdemont, el nuevo capitán Schettino

Cuando el viernes subía en autobús hacia Bilbao Elorrio la situación era deprimente. Un grupo de sediciosos daba, orgullosamente, un golpe de estado, arrastraba a la ignominia al Parlamento de Cataluña y pisoteaba las libertades de todos en nombre de una soñada patria por la que todo era sacrificable. Un horror. Cinco días después la situación sigue siendo grave, pero está bajo control, los sediciosos han perdido el poder y parece que la democracia, la de la sociedad y las leyes, esa que tanto invocan como manipulan, ha logrado sobreponerse y llevar a todos esos elementos a declarar ante el juez.

¿A todos? No, como imitando a los irreductibles galos del cómic, Puigdemont y un pequeño grupo de exconsejeros permanecen en Bruselas, a donde viajaron el fin de semana, con el objeto de mantener viva la llama de la nueva república y, sobre todo, escapar de la justicia. Ha demostrado ser bastante cobardica el tal Puigdemont. De mientras disfrutó de la escolta oficial y el mando de los Mossos se dedicaba a amedrentar, chantajear y alardear de su poder, pero cuando fue desposeído de todo ello huyó, lo más rápido posible, para tratar de salvar su pellejo de una muy probable condena. Ha demostrado que no le importa nadie. Los que menos, sus conciudadanos de Cataluña, a los que ha llevado a un lugar de vergüenza difícilmente imaginable, pero es que tampoco se ha preocupado en lo más mínimo de sus socios de fechorías, de los presuntos delincuentes y para él compañeros e inclusos subordinados. Mientras Puigdemont permanece huido y sin comparecer ante la justicia, el resto de miembros del Gobern y la mesa del Parlament acudirán hoy, a lo largo de la mañana, a testificar ante la Audiencia Nacional o Tribunal Supremo, lo que les toque según su aforamiento, al que desde luego no pretenden renunciar. Y claro, para todos ellos el que su principal jefe esté fugado no es precisamente una garantía de cara a jurar y perjurar que ellos no harán lo mismo si la juez no toma medidas cautelares. En cierto modo, la verdad es que de manera ostentosa, “Puchi” ha dejado vendidos a los suyos para salvarse, lo que le hace acreditar galones para ser nombrado como nuevo Capitan Schetino del crucero Costa Concordia soberanista, embarrancando contra los arrecifes de la realidad tras la borrachera de demagogia de estos últimos meses. ¿Y en qué está empleando el tiempo Puigdemont en su estancia belga? No consta si es aficionado al chocolate y los gofres, pero a buen seguro ha catado varias de las numerosas cervezas locales, dada su actitud. Envalentonado en medio de su desastre, iluminado, creyéndose alguien, Puigdemont organiza caóticas ruedas de prensa en múltiples idiomas en las que no dice nada, más allá de reiterar el discurso de la España opresiva frente a la democrática Cataluña. Sigue creyendo ser el President de la Generalitat, y pontifica como tal con la misma vehemencia y credo con el que algunos dementes, en los fines de semana, en la Puerta del Sol, advierten de la llegada del Apocalipsis. Sus apariciones, que pretenden ser una muestra de rebeldía y poder, son patética, sobrepasan el absurdo y llegan al más absoluto de los ridículos. Diríase que “Puchi” se cree lo que dice, rodeado de unos pocos fieles que le aclaman y una prensa, nacional e internacional, que se va cayendo del guindo y empieza a pensar que es mejor cambiar los corresponsales políticos por los de sucesos y medicina para seguir estos actos. Nadie toma en serio al personaje, ni siquiera los suyos, que empiezan a verlo como un estorbo, y en cada nueva aparición el ridículo alcanza cotas que ni los infinitos memes de internet logran reflejar.


¿Algún día será consciente Puigdemont del desastre, y del ridículo, que ha generado? Como Don Quijote, ¿tendrá un acceso de lucidez que le permita reencontrarse con la realidad y, ante los escombros generados, lamentarse y pedir perdón? No lo se, pero de producirse, ese momento parece aún lejos en el tiempo. De momento, quizás, trate “Puchi” de cobrar por sus espectáculos, cada vez más propios de un Dalí venido a menos, y ello le ayude a financiar su estancia en la cara Bruselas, dado que no está claro ni quién paga sus viajes ni estancia allí. Quizás esa sería la pregunta que los periodistas debieran hacerle una y otra vez, para demostrar, por si no queda claro, hasta qué punto es un estafador. A ver si algún corresponsal extranjero, a los únicos a los que deja preguntar, se atreve.

viernes, octubre 27, 2017

La verdad es que Puigdemont es muy español

Fue Valle Inclán el fundador del género que denominamos esperpento, una afortunada combinación de comedia, farsa y tragedia en la que nada es lo que parece pero todo refleja la podredumbre más profunda de la realidad. Sus obras eran vistas a veces como comedias, pero aunque una primera lectura dejase la sensación de asistir a un espectáculo de humor, lo cierto es que el lector o espectador de teatro notaba como la sonrisa iba mudando poco a poco hacia un rictus mucho más serio y grave, al darse realmente cuenta de lo que estaba presenciando. Valle Inclán fue tan genial como extravagante, y su estatua luce en el Paseo de Recoletos de Madrid, donde es homenajeada cada año.

En décadas pasadas el máximo exponente de esta forma de contar historias, que requiere ingenio, brillantez y cierta sutileza, fue Luis García Berlanga, un señor que, de haber nacido en EEUU sería famoso en el mundo entero y no hubiera tenido sitio en su mansión para guardar todos los Oscar conseguidos. En vez de eso nació en España, a las orillas del Mediterráneo valenciano, y desarrollo su carrera en nuestro país, y en una época en la que la censura franquista, que oprimía de verdad, hacía que dedicarse al arte fuera un camino seguro a la pobreza y bastante certero hacia la prisión. Las películas de Berlanga son uno de los mejores retratos de la sociedad española de la segunda mitad del siglo XX, una sociedad llena de pícaros que tratan de sobrevivir a una pobreza asfixiante, a un régimen agobiante y a unas convenciones sociales tan rígidas como anticuadas. En ellas la corrupción aparece por todas partes, en los estratos sociales más bajos y en los presuntamente más distinguidos. Unos y otros sólo se diferencian en las ropas que llevan y en los modales, pero son idénticos en todo. Los personajes mienten más que hablan, falsean el mundo que les rodea, se hacen pasar por lo que no son para medrar y conseguir favores, antaño del régimen franquista, luego de los nuevos poderes surgidos de la transición. En todo momento sabemos hasta qué punto son falsos los caracteres que vemos representados, pero también conocemos la crudeza, la miseria moral y económica en la que viven, y de la que desean huir como sea. El “postureo” palabra que no me gusta pero que refleja muy bien el muy falso mundo que vivimos hoy en día en las redes sociales, ya lo inventa Berlanga en los sujetos que nos muestra, que se hacen pasar por lo que no son y alardean de lo que no tienen ni en sueños. Con estos mimbres fabrica el genial Luis sus tramas, que como pasaba antes con las de Valle Inclán, inducen a la carcajada en un primer visionado, a veces siendo imposible seguir el curso de la trama por las risas provocadas, pero tras ese humor, Berlanga nos muestra desnuda la sociedad, sin disimulos, y nuestra cara muda al darnos cuenta de que de lo que nos reíamos no era de las desgracias de otros, sino de las propias, de las nuestras. Sus películas, en el fondo, muestran enormes tragedias y fracasos, y poseen un punto cruel en el que no deja títere con cabeza, y todos los personajes son vapuleados, arrastrados hasta el punto más bajo de su ignominia, llegando a un punto en el que el espectador pide que se les redima de la humillación a la que están siendo sometidos. Logra Berlanga que hasta nos solidaricemos con los caracteres que nos muestra, a pesar de la repulsión que nos provocan, porque nos los muestra en una dimensión que conocemos como propia. Cada uno de nosotros podría volver a ver “”El Verdugo” “Plácido” la serie de “La escopeta nacional” “Todos a la cárcel” y cualquier otra de sus obras y verse retratado fielmente en uno de sus personajes. Y eso ya no nos hace tanta gracia.

Puigdemont y el resto de componentes de la troupe separatista son, en todos los sentidos, personajes recién salidos de un guion de Berlanga, de una obra de Valle Inclán, y por eso verles nos produce tanta risa como angustia. Sus actos, decisiones, rectificaciones, impuntualidades, escenificaciones y demás argucias de vodevil barato nos tienen entretenidos, durante un tiempo en el que el drama va a más y no deja de crecer el destrozo que crean con su ineptitud y ceguera. La verdad es que, aunque le de una rabia infinita, Puigdemont y sus amigos son, en todos los sentidos, españoles en lo más profundo de su ser, y actúan como los compatriotas, de los que reniegan, que tan bien reflejaron los autores a los que he mencionado. Quizás sus obras sean una vía de escape ante el absurdo que vivimos en estos días.


Subo a Elorrio y me cojo dos días festivos. El miércoles que viene es fiesta así que, si no pasa nada raro (es un decir) nos leeremos nuevamente el jueves 2 de noviembre. Descansen y mucho ánimo

jueves, octubre 26, 2017

Otro día de vértigo, soñado por los nacionalistas

La realidad no es tan fluida como aparenta ser, sino que se desplaza a trompicones, como a saltos en medio de periodos de quietud. Tras días estáticos aparece alguno en el que todo se acelera, y puede que hoy sea uno de esos. Imbuidos por el monotema catalán, muchos serán los frentes informativos de la jornada, con dos citas económicas importantísimas. El INE publica a las 9 la EPA del III Trimestre del año y al mediodía se reúne el BCE en lo que puede ser el inicio de la retirada de los estímulos lanzados por Draghi desde hace ya varios años, mediante una reducción de la compra de deuda pública y corporativa. Un cambio anunciado de la política monetaria que, parece ser, por fin llega.

Pero nada, aquí estaremos obnubilados por el tema catalán, o el despropósito, mejor dicho. Puigdemont renunció ayer a acudir al Senado a explciar su posición, asumiendo de manera tácita que para él el Senado no es nada, y convocó una reunión de su gobierno y dirigentes de los partidos que lo sustentan en el Palacio de la Generalitat, que ha terminado de madrugada, sin que se tenga constancia de acuerdos o decisiones. No se muy bien qué es lo que va a pasar hoy o mañana, pero sospecho que Carles, fanático como el que más, no va a dar un paso atrás y proclamará esa DUI, que más bien será un DIU para la política catalana. Iluminado por la fe que ciega a los creyentes, el Presidente de todos los catalanes hace tiempo que dejó de serlo de aquella parte de la sociedad que él considera impura, impropia, ajena, y prescindible. Envalentonado por las huestes de la CUP, una amalgama de antisistemas aupados al poder, Puigdemont y los suyos creen en el martirio civil, en la inmolación política y en todas esas falacias con las que se les llena la cabeza a los ingenuos para que se sacrifiquen en nombre de otros. Desde que empezó septiembre el “prusés” ha desaparecido y vivimos en el “mambo” que tan cómodo y bailable le sienta a la CUP. Estos meses sólo han generado desesperanza, miedo y ruina económica. Cataluña, una de las regiones más prósperas, ricas y cultas de Europa, lleva meses pegándose tiros en los pies, ahuyentando inversores, alentando la fuga de empresas, dañando al turismo y revirtiendo su imagen cosmopolita por una de aldea irreductible y cerril. Como el futuro es indistinguible nadie tiene muy claro cómo va a acabar todo esto, pero creo que dentro de muchos años estos que ahora vivimos se estudiarán como los oscuros de Cataluña, la época en la que la locura de unos dirigentes fanatizados, creyentes en su soñada patria exclusiva, llevaron a todos a la ruina y desesperación colectiva, causando daños de todo tipo. Económicos sin duda, de gran dimensión y profundidad, pero sobre todo sociales, emocionales, afectivos. El nacionalismo necesita el desgarro, busca la ruptura, no sólo de las leyes, sino sobre todo de las sociedades. El nacionalista no soporta una sociedad de ciudadanos libres y discrepantes, que no sea homogénea, unificada, totalizable. Barcelona, la ciudad, el conglomerado urbano, diverso, multiforme, ruidoso, caótico y desordenado, es visto como el horror por un nacionalista, que añora el pueblo, la masía, la comunidad pequeña de fieles que viven agrupados, encerrados, protegidos, al calor de lo conocido. Para Sabino Arana el sueño era el mismo, el caserío “Bizkaitarra” el pequeño pueblo de interior, frente a Bilbao, la uirbe, el lugar de perdición, el sitio al que acude gente de todas partes, que no tiene creencia ni en Dios ni en la Tierra Madre, que ensucia, corrompe y mezcla. Eso debe ser eliminado. El nacionalista busca purificar su arcadia soñada, y para ello, primero, debe romper la sociedad, para separar a los puros de los que no lo son, y actuar en consecuencia.


Esto, que parece un relato de ideas peregrinas es lo que los nacionalismos han hecho a lo largo de toda la historia, causando males y atrocidades sin fin. Hoy y mañana, en el Parlament de Cataluña, volveremos a ver cómo se escenifica esta división, y el desprecio a los que no piensan como los independentistas. Y de ahí sólo puede surgir tristeza y desazón, nada más que eso. Cuando el nacionalismo entra por la puerta, la razón ilustrada peligra, y suele acabar huyendo por las escaleras antes de ser arrojada por la ventana. Es desolador que, otra vez, tras las décadas de dictadura franquista y asesinatos etarras volvamos a ver el espectro de la intolerancia nacionalista en nuestro país. Hoy, y mañana, nuevo aquelarre en nombre de una soñada “Patria”.

miércoles, octubre 25, 2017

Xi Jinping y Donald Trump

Ya les comentaba el otro día las intenciones del actual líder chino, Xi Jinping, de hacerse con todo el poder en el congreso del PCC, el partido comunista chino, y la realidad ha cumplido los pronósticos. Ha conseguido colocar a afines en numerosos cargos de la nomenclatura comunista y su figura se ha ensalzado a las alturas de líderes históricos del movimiento, a la altura del propio Mao, el gran asesino de masas que llevó al partido al poder. El llamado “pensamiento Xi” se convierte en una corriente oficial de estudio en las escuelas del país, dadas a adoctrinar tanto como a enseñar, y el gobernante va camino de ser emperador.

En el título del artículo incluyo a Trump, y es que la situación de ambas potencias es paradójica y, en apariencia, inversa. Xi es un líder fuerte y con impulso de una nación creciente con una economía desatada y ambiciones de liderazgo global. Trump es un líder débil de una nación enorme, líder mundial en numerosos ámbitos, antaño hiperpotencia, que camina hacia el coliderato con China en materias como PIB e influencia y siente en los huesos un cierto hálito de decadencia. Si, a corto plazo, Xi parece lo mejor que uno pudiera imaginar para fortalecer el poder de China, Trump es justo lo contrario, la figura que desearían los enemigos de EEUU para desgastar su poder. Cada paso, decisión, tuit, frase que pronuncia el actual inquilino de la Casa Blanca socaba la autoridad moral de la institución, aumenta la división en el seno del país, enfanga la imagen de EEUU en el mundo y le resta protagonismo. Trump parece el típico emperador romano encumbrado en la cúspide del poder que se dedica a dilapidar el esfuerzo de los que le precedieron y asoma al imperio a una debacle, mientras que Xi aparenta ser el general romano que, lleno de poder, asciende a la colina del Capitolio para tomar las riendas de lo que cree suyo y llevarlo aún más lejos. Esta visión es extremadamente simplista, lo se, pero refleja la percepción global de que, tras la caída de la URSS y los años de hiperpotencia de EEUU como árbitro mundial, volvemos a un mundo de dos superpotencias, dos grandes actores que se disputan el liderazgo global, EEUU y China en este caso, en un escenario si cabe mucho más complicado que el que se vivió en el siglo XX durante el primer caso de superpotencias. Hoy en día el poder está mucho más repartido, para bien y para mal, hay potencias de tamaño medio, como Rusia, Irán, Arabia Saudí o India, que en principio son aliados de alguna de las grandes, pero que en la práctica juegan a juegos privados, de geoestrategia regional, que pueden llegar a tener influencia global. De los cincuenta a los ochenta del pasado siglo cada conflicto o guerra regional, que las hubo a montones, se podía explicar por qué bando era el apoyado por EEUU y cual por la URSS. La inmensa mayoría de aquellos conflictos eran guerras de parte, batallas en las que los dos grandes movían unos peones que se disputaban la victoria en un tercer país, remoto y pobre, para mayor desgracia de los pobres ciudadanos de ese país. Hoy en día el juego ha cambiado. De momento EEUU y China sólo se enfrentan en cuestiones económicas y comerciales, disputándose la preminencia global en las cifras macro, en los volúmenes de intercambio con terceros, en inversiones en otros países, etc. Y en este ámbito las empresas norteamericanas, líderes globales de su sector, siguen marcando la pauta dominante, frente a un gobierno chino que sigue comprando recursos en el llamado tercer mundo (África y Latinoamérica) para abastecer a su población.


Los conflictos económicos, muy ruidosos en la prensa, se ven como algo liviano a nivel de calle, son “guerras” llenas de comillas, pero reflejan muchas cosas, entre ellas que los roces de las esferas de influencia de las dos grandes naciones son cada vez mayores, a medida que sus esferas se hinchan. Tradicionalmente estos roces han acabado en conflictos militares, localizados como antes hemos visto, y no es descartable que en el futuro acabe sucediendo algo así. Las aguas del mar de sur de China y Corea son algunos de los escenarios más probables en caso de ese posible conflicto bélico, dado el expansionismo chino y el temor creciente de sus vecinos. Lo que si parece claro es que EEUU ya no va a estar sólo al mando del mundo, quiera ejercer ese papel o no.

martes, octubre 24, 2017

Abe arrasa las elecciones japonesas

Uno de los motivos, profundos, por los que en Europa la ira y el miedo condicionan la vida política es porque, aunque queramos negarlo, vemos que nos quedamos atrás respecto a otras zonas del mundo. El sureste asiático, en especial, surge como el gran polo económico y geoestratégico global, cada vez más noticias y productos vienen de allí, y tenemos la sensación, real, de no ser ya los líderes del mundo, los que decidimos qué se hace y dónde. Nos han destronado de nuestro pedestal, y eso duele. Y por lo que parece, el proceso de destrone no va a frenarse.

Si la semana pasada fue China la que, con su congreso del PC acaparó los focos, este fin de semana ha sido Japón, con sus elecciones generales, anticipadas en más de un año por el Primer Ministro, Shinzo Abe, deseoso de consolidar su mayoría para emprender reformas de calado. Al contrario que a la británica May, para la que el adelanto electoral fue una nefasta decisión, a Abe la jugada le ha salido perfecta. Ha sacado una holgada mayoría absoluta y controlará los resortes del poder en un país en el que el gobierno juega un papel algo extraño visto desde nuestra óptica. Abe quizás acabe siendo el primer Ministro más poderoso e influyente de la historia reciente de Japón, y sus políticas van a condicionar el futuro del país mucho más allá de sus mandatos electorales. Dos han sido los pilares fundamentales de su gobierno pasado, que se prevén reforzar en el futuro: Por un lado, reformas económicas. Abe llegó al cargo con una estrategia basada en lo que llamó “tres flechas”: Política monetaria desatada, con intervención casi sin límite del banco central, japonés, reforma fiscal, con subidas de impuestos indirectos y aumentos de gasto público, y reformas estructurales. Todas ellas buscaban despertar a la economía japonesa, que vive en un dulce letargo desde hace décadas. He mencionado las tres flechas no en el orden de importancia de las mismas, sino en el grado en el que han sido llevadas a cabo. La “abenomics”, que es como se ha denominado a este paquete, ha supuesto que el BoJ, banco central japonés, supere al BCE y a la Reserva Federal en la magnitud de compras de deuda pública y en las intervenciones no convencionales, y en este sentido, ha sido un éxito. Las otras dos flechas no tanto, porque no han llegado ni mucho menos a un grado de desarrollo semejante. Era esta, la de impulsar estas dos vías de actuación económica, una de las principales razones para el adelanto electoral. La victoria cosechada se traducirá, en breve, en una subida del impuesto al consumo, algo así como nuestro IVA, y un paquete de inversión cifrado en miles de millones de yenes (un euro son más de cien yenes) y más que probables anuncios de reformas. Ahora veremos si el Abenomics se queda sólo en artificios monetarios o tiene chicha. He comentado al principio que eran dos las patas de la política de Abe, y tras la económica, viene la otra, que es la política. Abe es el primer ministro más nacionalista que ha tenido Japón en décadas, en un país que sabe muy bien los estragos que puede causar esa funesta ideología. Sus discursos siempre han buscado fortalecer la imagen de Japón y han eludido asumir responsabilidades sobre la actuación nipona en sus países vecinos a lo largo del pasado siglo XX, en cuya primera mitad cometió atroces matanzas e invasiones devastadoras. Tras la II Guerra Mundial y la ocupación, el ejército japonés fue descabezado y convertido en un juguete. Abe quiere que esto no siga así.


Para ello, una de sus promesas es reformar la constitución, que en gran parte es impuesta por los vencedores de la guerra, para crear un ejército de verdad. La excusa es doble, por un lado el sentimiento patriótico y, por otro, la creciente amenaza que suponen Corea del Norte (en el corto plazo) y China (en el largo). En este caso las políticas de Abe añaden inestabilidad y futuras tensiones a una zona que ya está sobrada de ellas y que no necesita ninguna más. El mensaje nacionalista, sea quien sea el que lo enarbole, no es bueno para nadie, aunque lo compren muchos, y está por ver si Japón pasará en unos años de ser un pigmeo político y militar a una potencia en una de las regiones potencialmente más peligrosas del mundo. De momento Abe tiene mano libre para hacer lo que ha prometido. Habrá que estar atentos.

lunes, octubre 23, 2017

Nubarrones políticos en Europa

Tras la victoria de Macron en las presidenciales francesas de mayo un suspiro de alivio se escuchó en todo el continente, y medio mundo si me apuran, al haber conseguido frenar el ascenso de la ultraderecha en uno de los principales países de Europa. Se veía ese momento como el del máximo auge de ese ciego populismo, y el inicio de una senda de normalización, de vuelta a la cordura política. Cinco meses después, la sensación vuelve a ser oscura. Los claros de mayo en cielo europeo se vuelven a llenar de nubes, y el relanzamiento de la Unión se convierte, otra vez, en un sueño lejano. Pintan bastos.

Este sábado, día extraño para votar, se han celebrado elecciones en la república checa, un pequeño país centroeuropeo en el que la economía marcha bien, el turismo llena las calles de Praga, su capital, y afronta el futuro en la mejor de las posiciones posibles, sobre todo si miramos su catastrófica historia a lo largo del siglo XX. El ganador no ha sido el miembro de un partido tradicional, sino un millonario, el segundo hombre más rico del país, al que apodan el Trump checo, y motes como este nos indican ya algo sobre su programa. Andrei Babis, que así se llama el personaje, encabezaba la Alianza de Ciudadanos Descontentos, un partido populista cuyas siglas en checo, ANO, darían mucho juego en una campaña española. Tras él, a cierta distancia, han quedado tres partidos casi empatados. Los conservadores clásicos, el partido pirata y la extrema derecha, cuyas siglas checas, SPD, no deben confundirse con los socialdemócratas alemanes. Por detrás de todos ellos, los socialdemócratas checos, derrumbados, que pasan de controlar al gobierno a ser irrelevantes. Es muy probable una coalición entre el millonario y la extrema derecha, por lo que Chequia se radicalizará en sus postulados. Este país forma parte, junto a Eslovaquia, Polonia y Hungría, del denominado “grupo de Visegrado” alianza de países del este europeo, pertenecientes a la UE, pero muy críticos con sus políticas, especialmente en lo que hace a inmigración, refugiados y liberalismo. Estas cuatro naciones llevan un tiempo coordinando sus políticas para enfrentarse a los dictados de Bruselas, negándose a acoger refugiados, adoptando cambios legislativos que cercenan la separación de poderes y las libertades públicas y, en definitiva, realizando una regresión de la democracia que se impuso en esos países tras la caída del muro de Berlín. Triste es contemplar que, justo los que más tiempo han pasado oprimidos por el yugo de la dictadura sean los primeros en querer emular sus formas. Hasta ahora este grupo de Visegrado era un incómodo problema para la UE, pero su escaso tamaño relativo frente al resto de naciones lo hacía controlable. Eso ya no va a ser exactamente así, por dos razones. Una es que ya no van a ser sólo ellos. A mediados de mes las elecciones austriacas ofrecieron un panorama muy similar, en este caso ganadas por un jovencísimo líder de derechas de 31 años, pero con la presencia muy destacada en los resultado de la extrema derecha y su más que probable incorporación a la coalición de gobierno. Así, los de Visegrado pueden llegar a ser cinco, y convertirse en un grupo de presión relevante. La otra razón es que el impulso por parte de las cinco grandes naciones europeas está debilitándose, y no hace falta ser un lince para verlo. Las elecciones alemanas de septiembre, que se veían como la segunda vuelta de las francesas de mayo para aportar la estabilidad deseada, fueron frustrantes. Sí, ganó Merkel, pero perdió votos y estabilidad, y sigue a día de hoy negociando la llamada coalición Jamaica con liberales y ecologistas, de la que saldrá un tímido programa europeísta, siendo generosos. El ascenso de la extrema derecha alemana fue incluso mayor que lo esperado, pero afortunadamente allí el cordón sanitario funciona y no tocarán poder federal. Pero harán ruido y condicionarán los debates, no lo duden.


¿Y el resto? Reino Unido está de salida en medio de un marasmo propio que mantiene dividida a la nación y a los dos principales partidos. En España ni les cuento el lío que tenemos con Cataluña, que ahora mismo lo absorbe todo y nos puede llevar por el camino de la (aún mayor) amargura, y en Italia, con elecciones previsiblemente en primavera, Berlusconi amenaza con volver y el movimiento populista Cinco Estrellas sigue muy fuerte. Sólo nos queda París, como decían en Casablanca, con cuatro años y medio de Macron en el Eliseo, pero eso no basta para mantener el impulso de la UE. Tras haber sobrevivido al marasmo económico, la Unión debe enfrentar al ascenso populista, en forma de nacionalismos nacionales o regionales, todos igual de malos. Sigue Draghi al frente del BCE, nuestra mayor baza, pero las nubes, ya las ven, se cierran sobre nuestras cabezas.

viernes, octubre 20, 2017

Europa y el creciente poder chino

Daba ayer por la tarde una conferencia Jesús Fernández Villaverde en la Fundación Rafael del Pino que tenía muy buena pinta. Una disertación sobre el papel y futuro de Europa, tras el Brexit, en un mundo bipolar con EEUU y China como potencias hegemónicas. Me apunté para asistir, pero el trabajo me desbordó y salí de la oficina cuando, supongo, charla y preguntas ya estaban más que acabadas. Una pena. En todo caso debió ser una oportunidad para debatir sobre cuestiones trascendentes, de largo plazo, que van más allá del localismo cerril de nuestro debate diario y la nula mirada a futuro de los que, nacionalismo mediante, nos quieren hacer volver varios siglos atrás.

Uno de los temas que a buen seguro surgió en la conferencia (a ver si en los próximos días la ponen en la web de la fundación y le puedo echar un ojo) es el de China y el liderazgo de Xi Jinping. Estos días se celebra el congreso del partido comunista chino, un evento al que acuden todos los jefes del partido único, el que manda y al que trae a cuenta obedecer. Si algunos “oprimidos” de aquí se lamentan de su aplastamiento, que se den una vuelta por China para ver cómo se las gasta el régimen. La estética de los congresos comunistas chinos es muy soviética. En un edificio imponente, lleno de símbolos alusivos a la estética leninista, un auditorio rígido y entregado y un politburó enorme, lleno de cargos, que copan todo el poder. La imagen es lo más antidemocrático que uno pueda esperar y refleja, a la perfección, el régimen político de Beijing. Lo establecido en este sistema es que el líder, elegido entre cargos y familias del partido por cargos y familias del partido, está al frente del país durante dos mandatos de cinco años. En el segundo de ellos presenta a quien va a ser su sucesor, para que se vaya rodando, y cogiendo imagen púbica de poder. No está siendo así en esta ocasión. El actual presidente, Xi Jinping, es uno de los más poderosos de las últimas décadas y no parece que esté muy por la labor de ceder el poder, al menos de manera inmediata. Su discurso, y las intervenciones de los líderes en los que se apoya, se basan constantemente en el nacimiento de una nueva China, de una China que sea una potencia internacional, que recupere importancia, prestigio y atractivo en el mundo global. Con aspiraciones a convertirse en la primera potencia económica del mundo en la próxima década, superando en PIB a EEUU, Xi se ve a sí mismo como un líder global, y quiere convertir a su país también en un actor de referencia. Hasta ahora China se ha centrado en el desarrollo económico, con unas cifras como resultado que apabullan, y unos costes medioambientales y sociales asociados que no son menos asombrosos. Xi quiere continuar por el camino de las reformas, sabedor de que el modelo exportador de bajo coste ya no vale como tractor de la economía nacional, y de que la redistribución de la riqueza, la renovación tecnológica y el compromiso medioambiental tienen que ser las nuevas banderas que impulsen el desarrollo de su economía. Sabe también que esta economía tiene graves amenazas, siendo las más serías, a corto plazo, la de la sempiterna burbuja inmobiliaria que nunca estalla y la competencia de otras naciones a sus exportaciones y, a largo plazo, los costes medioambientales de su desarrollo explosivo y el envejecimiento acelerado de la población. Los retos chinos son tan inmensos como las cifras que definen a aquel país, y los miembros del partido comunista lo saben. Funciona en aquella sociedad una especie de pacto no escrito por el que, a cambio de prosperidad y riqueza creciente, el poder sigue en manos del partido único y no hay revueltas. Crecer sigue siendo la obsesión de Xi y los suyos, y lo necesitan para mantenerse en el poder. Harán todo lo necesario para que el PIB no baje del 6% de incremento anual.


El siglo XX ha sido el de los EEUU, y también el inicio del XXI. ¿Será este en el que vivimos el siglo de China? No lo se. Muchas veces se ha predicho eso y ya ven, no acaba de suceder. Cierto es que la presencia de un inepto como Trump supone un freno para los EEUU pero China aún es un país débil, con una renta per cápita muy baja y enormes problemas. Y su imagen internacional como dictadura autoritaria no es el menor de ellos, precisamente. Lo que sí es claro, y enseña la historia, es que un papel predominante en lo económico es, tarde o temprano, seguido de una relevancia similar en lo político. Muy probablemente caminemos a una bipolaridad en muchos temas, y ese es un mundo más complejo que el de la potencia única. Tocará adaptarse.

jueves, octubre 19, 2017

Fuego y agua, tiempo sin tregua

Sabida de todos es esa expresión que dice que en España no sabe llover, que hace referencia a las duras sequías que se alternan con breves episodios de lluvia torrencial. Esos chaparrones bruscos que, caídos sobre un terreno reseco, agostado tras meses de inclemente Sol, se lo llevan todo por delante. No hay alcantarillado que pueda encauzarlas, y menos tras tantas semanas de abandono en el que muchas cañerías y desagües se han convertido en vertederos de hojas y basuras de todo tipo. Ayer, en Jerez y otros puntos del país se vivieron momentos de angustia, con calles convertidas en ríos tras meses en los que el asfalto se derretía por el calor.

En Madrid llovió, bastante y, hasta cierto punto, bien. El registro de precipitaciones de este verano en la ciudad es casi como el relato de descubrimientos arqueológicos, tan escasos como valiosos. Junio no fue especialmente generoso, y sí irregular con las temperaturas, dejándonos los primeros registros de cuarenta grados en ese mes, y obligando a cerrar aulas de colegios, no preparadas ante temperatura propias de los meses de las vacaciones escolares. Julio fue un mes raro, con subidas y bajadas, y tres días de lluvia, el 6, 7 y 8, que provinieron de una DANA que cruzó la península y la tarde del viernes 7 vivió con nosotros. Esas lluvias, espectaculares, tropicales, monzónicas, batieron los récord de precipitación acumulada para el mes en la ciudad, pero lo hicieron de manera tan brusca como inefectiva para pantanos y terrenos, que apenas pudieron recoger nada de la catarata que se les vino encima. Tras ese episodio extraño llego el verano pleno, y se puede decir que no se acabó hasta prácticamente ayer. Temperaturas altas, sin olas de calor como tales, pero sostenidas en el tiempo en una secuencia de días monótonos, aburridos, estacionarios, en los que no corría el viento y el cielo parecía un decorado inmutable. Día a día la luz iba recortando pero sin causar variación alguna en los termómetros. El suelo, ya muy agostado en julio, pasó un agosto de cuarteo, en el que las grietas casi se podían ver en el asfalto y aceras, resecas como pasas. Los árboles, golpeados diariamente por el mazo de un Sol al que nada obstaculizaba, bajaron sus ramas muy rápido, en clara señal de rendición, y día tras día mostraban un aspecto más mustio, sobreviviendo en medio de mi incredulidad. Un día llovió en todo agosto, el lunes 28, con fuertes tormentas, cuyo rastro pude ver por mi barrio en forma de arenales que cubrían parte de las aceras cuando llegue a casa de noche tras pasar el fin de semana largo en Elorrio. No me cayó gota alguna, porque por la tarde ya habían cesado. Y la lluvia no volvió a pisar la capital hasta el tímido goteo de este pasado martes. A lo largo de septiembre el verano, simplemente, siguió, inalterable, cada vez más corto en luz, sí, pero igualmente intenso en temperaturas y quietud, con hojas de árboles que no se movían y empezaban a caer fruto directamente del estío y, quizás, también el hastío. Llegó el 21 de septiembre, entramos en otoño, pero fue un mero formalismo de calendario. El verano seguí, y la llegad de octubre no fue sino una hoja caída más en los calendarios, un trozo de papel que seguía el rumbo de los mustios tallos de celulosa que eran vencidos por el calor. Ni gota en octubre ni esperanza de verla. Semanas y semanas de abulia, de mapas clónicos en los espacios del tiempo, de repetitivos y omnipresentes soles, y caras de circunstancia de los presentadores, sabedores de ser portadores de malas noticias. Y así hasta este pasado martes, donde apenas mojó el suelo, y hasta ayer miércoles, donde con ganas, llovió en Madrid.


Cosa curiosa de este reseco año, y preocupante a la vez. Los dos grandes episodios de lluvias que hemos vivido, el de julio y el de estos días, se han debido a que fenómenos anormales han logrado romper el pertinaz bloqueo anticiclónico. En julio fue una DANA y esta vez ha sido Ophelia, huracán de categoría tres. En ningún caso se ha debido a la clásica entrada de un frente atlántico, que proporciona suaves y regulares precipitaciones, las más beneficiosas de todas. Ha hecho falta que algo extraordinario rompa un bloqueo que, por su dimensión y persistencia, es excepcional. ¿Es esa la tónica que nos espera en el futuro? Ojalá no. Que venga un otoño e invierno lluvioso. Seguimos bajo una grave sequía, y necesitamos mucho la lluvia.

miércoles, octubre 18, 2017

Qué lejos quedan Mogadiscio y sus atentados

Este pasado sábado se produjo un devastador atentado en Mogadiscio, la capital de Somalia. Un camión bomba explotó junto a uno de los hoteles más importantes de la ciudad, en uno de los barrios céntricos, y devastó todo. El balance sigue estando incompleto, pero ha superado los 300 muertos. Trescientos asesinatos en un ataque terrorista, lo que deja convertido en poca cosa a nuestro 11M, la mayor de las tragedias terroristas vividas en nuestro país, en la que 192 personas fueron asesinadas. Las imágenes que han llegado del atentado son escasas, y muestras una escena propi de la guerra, con destrucción y muerte por doquier. Las sospechas de la autoría apuntan a Al Shabab, la rama local de Al Queda

Ahora párese un momento a reflexionar. No sobre la maldad de un acto de este tipo y la pena y dolor por las víctimas, que con heridos pueden cifrarse fácilmente en millares. No, piense en si era usted conocedor de que algo así había pasado este fin de semana. Pongamos en que ha visto informativos, leído periódicos o boletines en la radio, o se ha dado vuelta por algunas webs, a ser posible de las serias. ¿Logró enterarse de un acto de semejantes dimensiones? Más allá del infinito ruido que causa el monotema catalán, que absorbe la actualidad de una manera acaparadora, ¿cuánto tiempo y espacio dedicaron los medios a este atentado? En los telediarios del fin de semana de TVE, que son los que veo, poco, muy poco, en el tiempo de relleno, en el momento en el que ya entra la modorra de la siesta. Apenas unas imágenes rápidas y comentarios de agencia, asépticamente leídos, sin testimonios locales. Sospecho que en otras cadenas debió ser similar, sino peor. En la prensa el espacio dedicado fue algo mayor, pero por lo que pude hojear no logró conseguir página propia en cabeceras como El País o ABC. A la inmensa crueldad de lo sucedido se suma la indiferencia absoluta con la que el resto del mundo, de nuestro mundo, ha respondido. ¿Vio usted iluminarse la Torre Eiffel con los colores de la bandera de Somalia? ¿Lo hizo algún otro monumento emblemático? Por cierto, ¿Cuáles son los colores de la bandera de Somalia? Se los diré, ahora que lo estoy viendo en Wikipedia, porque yo tampoco los conozco. La enseña es azul, claro, en toda su extensión, con una gran estrella blanca en el medio. Y no tengo ni idea de dónde está la embajada de Somalia en Madrid para poder ir a manifestarme. Las autoridades españolas, como las de muchos otros países, mandaron tuits de condena y telegramas de condolencia a las autoridades somalís, pero poco más fue la respuesta oficial ante la barbarie. Las noticias locales, que en la tarde del domingo se convirtieron en incendiarias, lo llenaron todo, y en los informativos del domingo noche apenas nada puso escaparse de Galicia y Cataluña. Y mientras tanto el recuento de víctimas en Mogadiscio subía y superaba las tres centenas, en medio de cascotes y ruinas. Estremece pensar que algo así podría pasar en nuestro entorno, y sería asombrosa la respuesta que un suceso de estas dimensiones alcanzaría en el planeta. Pero Mogadiscio está muy lejos de nosotros. No en kilómetros, sino en emoción. Es un mundo ajeno. Las noticias, y nuestra respuesta a ella están muy condicionadas por una especie de ley de la gravedad, en la que su importancia es directamente proporcional a su tamaño e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia emocional que nos separa de ellas. Algo que sucede en Londres, Albacete, Los Ángeles, Tokyo o Sidney pasa en nuestro mundo, en lo que conocemos y nos suena familiar, y como tal nos impacta. Mogadiscio, Liberia, Myanmar y otros tantos sitios son, para casi todos nosotros, poco más que denominaciones que hacen referencia a lugares ignotos, que apenas somos capaces de colocar sobre un mapa físico, y menos emocional. Casi nada nos dicen y, por tanto, casi nada nos afecta lo que allí sucede. Es así de duro y cruel.


Por esta misma regla, a cada uno de nosotros nos afecta más la noticia de que ha fallecido alguien conocido de nuestro pueblo que cualquiera de las otras muertes que, cada día, se producen en nuestro país o entorno. La proximidad, o sentirlo así, genera añoranza y apego. Y dolor ante la pérdida. Es humano, pero genera situaciones de flagrante injusticia ante actos como el vivido en Mogadiscio, en lo que sin duda es uno de los peores atentados terroristas de la historia moderna en todo el mundo. Y que quizás pase a ella como poco más de un pie de página en comparación a los ataques, afortunadamente mucho más leves, que se viven en Europa. Somalia, hoy miércoles, sigue perdida en la bruma y, como el Madrid de hoy, oscuro y lluvioso, parece no ofrecernos nada que pueda llamar nuestra atención.

martes, octubre 17, 2017

El caso Weinstein y la complicidad

Los norteamericanos son únicos a la hora de dotar de sentido del espectáculo a lo que sucede, narrarlo y empaquetarlo como un producto comercial. Cada suceso que ocurre en aquel país puede ser el preludio de películas, series y todo tipo de merchandising que inunde estanterías hogareñas en medio mundo. Aún vivimos de los rescoldos del juicio de OJ Simpson, y si no que se lo pregunten a las horteras Kardashian, que surgieron como realidad paralela de aquel espectáculo. En Hollywood este sentido del negocio está aún más acentuado, y eso hace que lo que pase en la meca del cine sea, directamente, noticia en todo el mundo, sea justificado o no.

El caso de Harvey Weinstein sí merece la relevancia que está teniendo. Pocos conocían a Weinstein en persona, o al menos eran capaces de ponerle rostro, uno asociado a un cuerpo muy grande, de tamaño más o menos similar a su cartera y, por lo visto, sinvergonzonería. Weinstein ha sido, junto a su hermano, el productor de la mayor parte de los éxitos cinematográficos de Hoollywood de las últimas décadas, y ha logrado para ellos tantos premios Óscar como cuentas tiene un collar. Era uno de los hombres más poderosos de aquel mundo, y su decisión sobre un actor o actriz determinaba una carrera. Ahora sabemos, todos, (matiz fundamental en esta historia) que ese poder era usado por Weinstein para acostarse, sobar y, en general, abusar de toda mujer que se pusiera en su camino, como una especie de peaje básico para acceder a la autopista a los sueños que era su productora, Miramax, que quizás si les suene de algo. El “todos” que he incluido antes es determinante, porque hasta hace unas semanas este comportamiento delictivo de Weinstein era sabido por muchos en el mundo del cine californiano, e incluso se hacían chistes al respecto. Se veía como habitual, como normal que un productor poderoso abusase de mujeres si le placía, y que luego las recompensase, o no, con papeles que podrían convertirles en estrellas. “Pequeño el precio que se les cobra a las chicas por crearles una carrera” parecía ser el mensaje implícito que circulaba por Hollywood. Aquellas mujeres, pocas, que osaban a rechazar las proposiciones y abusos de Weinstein eran, directamente, condenadas al ostracismo, y sus nombres no nos sonarán de nada porque sus carreras se habrán frustrado antes de empezar. Una vez abierta la veda han sido decenas de actrices las que han denunciado haber sufrido abusos por parte del personaje, en medio del clamoroso silencio, cuando no apoyo al acusado, de la mayoría de los hombres del negocio. ¿Cómo interpretar esos silencios? ¿Cómo actuar ante declaraciones que no parecen ser interpretadas? El caso Weisntein nos pone, otra vez, ante el dilema de un grupo de personas, de un sector, de un espacio de la sociedad, en el que el delito, en este caso sexual, se consiente, justifica, normaliza y no se ve como algo inmoral o ilegal. Hace años nos enteremos de algo parecido, que sucedió en la sacrosanta BBC, que durante años alojó a Jimie Saville, estrella de la casa, y pederasta en sus ratos libres. La superioridad del hombre frente a la mujer se ve como algo natural, propio de un derecho anterior a la ley, y como tal se ejerce. En ambientes en los que el dinero y el poder se amasan y exhiben de una forma tan ostentosa como en Hollywood este tipo de actuaciones se dan más si cabe, y los incentivos a ocultarlas son mucho mayores. Hay mucho que perder si uno, más bien una, se niega a entrar en esa rueda de abusos y sometimiento. Es muy fácil comprar el silencio a cambio de un final como el de La La Land.


¿Puede la caída de Weinstein cambair algo de todo esto? Sinceramente, lo dudo. Tras el ruido y el escándalo vendrá el silencio y la vuelta a prácticas antiguas. Weinstein pagará como chivo expiatorio ante la sociedad, pero el microcosmos de Hollywood, como otros tantos, mantendrá sus reglas internas de comportamiento, porque muchos las ven con naturalidad. En el fondo esto se parece bastante al tema de los incendios que comentaba ayer, que se producen de manera reiterada porque la sociedad, en su conjunto, no les da la importancia que debe y no los ve como un mal. Violar a una mujer sigue siendo visto por muchos como algo a lo que un hombre tiene derecho. Ese es el fondo que genera el mal. Y erradicar esa perversa idea es algo que, aunque ayude, no lo conseguirán unos grandes titulares y la imagen de un productor arruinado.

lunes, octubre 16, 2017

El terrorismo incendia Galicia

Aún es de noche, pese a que un tímido resplandor anuncia por el este el nacimiento del día. Eso quiere decir que queda un buen rato, cerca de media hora, para que ese atisbo de luz asome por Galicia, la zona sita más al este de la península, y con ella los medios aéreos puedan volver a reincorporarse a las tareas de lucha contra los incendios que asolan la región desde este fin de semana. En medio de la oscuridad, el balance de hectáreas quemadas es imposible, pero sí el de fallecidos, tres hasta el momento, el de miles de evacuados y el de tantas y tanas escenas de pánico vividas ayer por millones de ciudadanos.

Quizás sea necesario ser incendiario a la hora de calificar lo que está sucediendo, aunque tengo dudas sobre si el juego de palabras viene a cuento en horas como estas. Asistimos a unos hechos que sólo pueden calificarse como de terrorismo, de actos viles y siniestros pensados para causar el mayor daño posible. Ayer, con el huracán Ophelia a las puertas de la comunidad, con previsión de viento sur de más de 100 kilómetros por hora, ausencia de lluvias y terreno reseco tras meses y meses de sequía, prender fuego al monte era garantía de incendio devastador. Si uno quería arrasar no ya una ladera, sino una localidad, sólo tenía que prender con el viento a favor y ya se encargaría el temporal de arrasarlo todo. Más de cien focos de incendio se desataron ayer por la tarde, muchos de ellos, la mayoría, con toda la pinta de haber sido provocados. Las escenas que se vivieron anoche en Vigo y otras localidades cercanas eran de pura histeria, de vecinos de la ciudad que veían como sus casas eran tacadas por el fuego, que se adentraba en calles y avenidas. Imágenes de autopistas cortadas, de túneles bloqueados por conductores que no eran capaces de ir en ningún sentido, rodeados por el fuego en ambas bocas. Escenas de desolación causadas por gentuza que tendrá motivos de todo tipo, se apunta siempre a venganzas e intereses económicos, pero que nunca acaba siendo detenida, juzgada, condenada y encarcelada como es debido. ¿Por qué en España, el país más seco y árido de Europa, no hay conciencia del inmenso delito, y daño, que supone quemar un bosque? ¿Por qué a los pirómanos y sus inductores no se les castiga con toda la fuerza de la ley? ¿Por qué las leyes son tan laxas con ellos? Decenas y decenas de años de cárcel debieran caer sobre las cabezas de los autores de estas barbaridades, auténticas catástrofes naturales que nos afectan a todos, y que generan efectos en el espacio y el tiempo de enormes consecuencias. Un bosque quemado tarda muchos años en volver a ser algo parecido a lo que fue. La riqueza que proporcionan los bosques, tanto económica como ecológica, es inmensa, y el árido terreno de cenizas fruto de su incendio sólo sirve para ser erosionado y convertido en yermo, páramo. Galicia, y Portugal, sufren desde hace décadas episodios de incendios masivos que no son atajados por las autoridades, y que por lo visto cuentan con cierta complicidad por parte de las poblaciones locales, que no denuncian a los autores o inductores de estos hechos ¿Por qué? ¿Hay una especie de mafia forestal, por así llamarla, que controla los terrenos y compra los silencios? Distintos colores políticos han pasado por la Xunta de Galicia pero, año tras año, se repiten episodios de este tipo sin que haya avances no ya en prevención o extinción, que tampoco, sino en la persecución de los delitos. Quizás, lo peor, esto suceda porque la sociedad no lo ve como delito, no le importa, se queja amargamente cuando sucede pero olvida enseguida, porque le da igual que se queme el monte. En medio de esa indiferencia surge el desastre y, visto lo visto, la impunidad.


Quiere amanecer en Madrid, en otro día de cielo turbio y contaminado, en el eterno verano de 2017, que quizás sea preludio de la lluvia que puede caer mañana y lavarnos, limpiarnos, refrescarnos, bautizarnos en otoño. Parece que las lluvias irán a más en Galicia a lo largo del día y, con Ophelia lejos y los vientos en calma, la situación será más fácil de controlar. Pero los daños son inmensos, las muertes irreparables, y el terror vivido esta noche, imposible de olvidar para miles de personas angustiadas. No puede repetirse algo así nunca más. Es hora de cambiar las leyes, la mentalidad de la sociedad, y perseguir a estos terroristas como lo que son, y condenarles con la mayor de las penas posible.

viernes, octubre 13, 2017

La muerte de un piloto (para Borja Aybar y familia)

La fatalidad no avisa. Sucede de improviso, siempre espera su momento y, cuando llega, nos coge por sorpresa, generando conmoción y rabia. Hay actividades y profesiones más arriesgadas que otras, pero en cualquier momento se puede producir algo que nos lleve al desastre, un accidente., lo que sea. Poco antes del inicio del verano vivimos la dura experiencia del accidente de ascensor que costó la vida a un grupo de adolescentes en Madrid, en un hecho tan absurdo como dramático. Nadie podía esperar algo así, en esa etapa de la vida ni, tampoco, en un lugar tan rutinario y seguro como un ascensor.

Ayer vivimos otro accidente, otro hecho inesperado, en este caso en una de esas actividades donde, aunque no lo parezca, el que la desempeña se juega su vida en todo momento. Borja Aybar, piloto de las Fuerzas Aéreas, falleció al estrellarse el Eurofighter que pilotaba en la maniobra de aproximación a la base de Los Llanos, en Albacete. Había sobrevolado pocos minutos antes el cielo de Madrid junto a otros tres compañeros, formando parte del desfile aéreo del 12 de octubre. Era un ejercicio de rutina, un vuelo controlado y ensayado unas cuantas veces, ensayos que tengo el lujo de poder contemplar cada año desde la oficina, y todo ello en un día de cielos bastante despejados, nubes anecdóticas y buena visibilidad. Aybar llevaba cuatro años como piloto al frente de esa aeronave, acumulaba según he creído leer por ahí unas 600 horas de vuelo y no era, por tanto, un novato, sino un piloto experimentado que sabía lo que hacía. No hizo uso de la posibilidad de eyectarse con su asiento, según algunas fuentes para evitar que el avión, con el control perdido, se estrellase contra algunas viviendas cercanas a la base, aunque no estén nada claros los detalles de los últimos minutos del trágico vuelo. Nada ha trascendido sobre lo que ha podido pasar, la causa última del accidente, y será la investigación oficial la que dilucide ante qué tipo de problema, o problemas, nos encontramos. En todo caso este hecho empañó un desfile vistoso en un 12 de octubre especial, donde Cataluña sigue acaparándolo todo. Para las familias de los que ayer viajaban a Madrid para lucirse bajo uniformes y banderas, lo más importante eran los suyos, no el acto ni las fanfarrias ni los espectadores. Las tropas de tierra suelen contar con el apoyo de los suyos a pie de tribuna en muchas ocasiones, pero eso no pasa con los pilotos de aviones o helicópteros, que residen en las bases o en sus proximidades, en muchas ocasiones lejos del Madrid de las ceremonias, y a ellas acuden a despedirles cuando despegan y retornan para recibirles cuando aterrizan. Era el caso de la familia de Borja. Su mujer y una criatura de cuatro meses estaban en Los Llanos esperando la vuelta del desfile para ir a casa, tras una mañana de rutina. Esa mujer vio ayer cómo la rutina tornaba en la más negra de las desgracias, en la fatalidad convertida en accidente. La criatura, no se si niño o niña, ya es huérfana sin que sea apenas consciente de nada, y algún día descubrirá de qué manera tan cruel y absurda falleció su padre. Quizás para entonces esté muy claro lo que pasó y eso le ayude a superarlo, pero ahora el niño vive en la feliz ignorancia. La madre no, y conocer las causas de lo sucedido no le ayudarán demasiado a sobrellevarlo. Seguro que estaba orgullosa de la curiosa profesión de su marido, porque pocos son los pilotos en el mundo, y menos los que manejan cazas, y ahora el dolor es lo único que puede portar, y precisamente el cielo protector es el lugar en el que no encuentra consuelo, sino vacío y pérdida.


Ayer, festivo, mañana de paseo, acabé en el estanque del Retiro a eso de las 11:30 a sabiendas de que sería un bonito sitio para poder ver pasar los aviones a ras de suelo. Y así fue. Poco después de esa hora empezaron a surcar el cielo cazas, aviones nodriza, aeronaves de todo tipo y helicópteros, en un pase que duró unos pocos minutos. Una de las primeras formaciones que surcó el cielo fue un grupo de cuatro Eurofighters en agrupación de cruz. Uno de ellos, no se cual, iba pilotado por Aybar. Era impensable en ese momento suponer que apenas quedaban minutos antes de que se produjera la tragedia. Los aviones pasaron, el desfile terminó, se oyeron algunos aplausos sueltos en el parque, los fotógrafos empezaron a revisar sus cazas y Aybar roló su avión rumbo a casa, donde le esperaban los suyos. DEP.