miércoles, abril 23, 2008

Libros

Hoy, 23 de Abril, se celebra el día del libro. En España la conmemoración clásica consiste en entregar el premio Cervantes, el mayor de las letras castellanas, en la Universidad de Alcalá de Henares, otorgado este año al poeta argentino Juán Gelman. Tradicionalmente es el galardonado el que, por la tarde, inicia la lectura del Quijote en el Círculo de Bellas Artes, ya en Madrid. A estos actos oficiales se han sumado estos años propuestas vanguardistas, como es el caso de la llamada noche de los libros madrileña, en la que decenas, cientos de librería abrirán hoy hasta pasada la media noche con un descuento del 10% en los precios.

Por eso quizás hoy se a un buen día para reflexionar sobre la salud de los libros, y de la lectura en general. El otro socio cultural tradicional del mercado de papel, la música, se enfrenta a una revolución en soportes, contenidos y comercialización que va a dejarla irreconocible. Los libros, aunque cada poco tiempo se anuncia un nuevo lanzamiento tecnológico, por ahora no encuentran una seria competencia en los dispositivos de lectura informatizada. Puede que en unos años se llegue a esa situación, pero aún queda mucho para ese momento, me da la impresión. La competencia, lo que le hace frente al mercado del libro, como objeto de cultura y entretenimiento, es el medio audiovisual, y aquí el asunto está más peliagudo. La televisión eliminó muchos lectores, y los videojuegos, o lo que podríamos denominar de manera más amplia como ocio digital, detraen cada vez más personas del mundo del papel al de las pantallas, pese a que no son incompatibles, ni mucho menos. Algunos autores afirman que en la particular guerra entre las hojas y los bites estos ganan ya por goleada. Quizás el autor que yo conozca que más se ha posicionado en este asunto sea el gran Philip Roth, que en una reciente entrevista afirmaba, sin tapujos, que “
las pantallas nos han derrotado”. Enorme autor norteamericano, Roth destila en la entrevista un pesimismo y amargura no sólo referido a su existencia, marcada por la asunción de la vejez y el final de su tiempo, sino por la sensación de verse marginado como escritor, como amante de los libros. Afirma que en unos años los lectores de novelas o ensayos serán una muy pequeña minoría, como ahora ocurre con los lectores de poesía. Afirma que las novedades digitales, el nuevo ocio, ya han conseguido arrumbar a los libros a un estado de decadencia que asume como irreversible, y que en su país es un fenómeno que ya se puede percibir. Según él, el hábito, la costumbre de leer, se está acabando, y ante eso da igual el formato en el que se presenten las letras. Oscuro panorama, verdad? ¿Cómo combatirlo?

...pues leyendo, creo yo, ingenuamente. Y qué mejor manera que ayudando un poco al señor Roth, al que descubrí hace poco tiempo y no puedo dejar de admirar. Pese a que algunos de sus libros son densos y profundos, y abundan los comentarios sobre la cultura judía, que me son ajenos y poco comprensibles, su obra es grande y bella. “Pastoral Americana” es una delicia, “El mal de Portnoy” es maravilloso ejercicio de onanismo literario (y del otro), “Patrimonio” es una novela que todo hijo debiera leer cuando sus padres enfermos se encaminan al final de sus vidas, “La conjura contra América” debiera ser obligatoria en los colegios, como ejemplo de lucha por la libertad frente a la opresión del estado.... en fin, celébrenlo como deseen. Felices lecturas.

2 comentarios:

MMO dijo...

Ya sabía yo que no podía faltar una entrada dedicada a los libros.

By the way, he usado tu primer párrafo en mi entrada sobre el día tan especial de hoy. Poniendo la referencia claro :) :) Espero que no te moleste.

Slaudos

thewildwest dijo...

Yo no soy tan pesimista... sin cifras en la mano, hablando meramente desde la sensación, con una opinión más orgánica que fundada, digo que no lo creo - No dudo que los bytes cada vez tengan más adeptos, pero no creo que estos sean, precisamente, lectores reconvertidos... me imagino más a fans de la televisión sustituyendo una pantalla por otra.

Pero en qué cabeza cabe que alguien vaya a cambiar, por la gélida sensación de pulsar una tecla y observar unos píxeles, el magnífico e íntimo acto de mojarse la yema de los dedos, pellizcar la esquina de una hoja, sujetar su leve fragilidad de contenido rotundo, y virar su femenino perfil, quizá por primera y última vez, con la ilusión del que sabe que está a punto de descifrar un secreto... el que se oculta en el abismo dibujado por la caligrafía de la siguiente página.

Me encanta leer y soy una hortera!
Un beso Deivid -