viernes, junio 30, 2017

Un premio literario, para CGD

Hace tres días un amigo de Elorrio, CGD, me llamó para ver si le podía hacer un favor. Resulta que se había presentado a un concurso literario de relatos organizado por la fundación para la economía circular y, tras el fallo del jurado, le habían avisado que era uno de los tres galardonados, y que debía acudir a Madrid para asistir a la entrega de premios. Por motivos de trabajo no podía desplazarse hasta aquí, así que me pidió si podía acudir en representación suya, cosa que acepté encantado, aún a sabiendas de que en todo momento estaba suplantando al protagonista y de que, en cierto modo, era el mío un papel de actor.

Tras contactar con la organización del evento e identificarme como el que acudiría a recoger en nombre de CGD, acudí ayer por la tarde al acto de entrega, que se celebró en un pequeño salón de una terraza anexa al Museo Reina Sofía. Fue una celebración sencilla, modesta, en la que participamos poco más de veinte personas, y en la que se entregaron tres premios a tres de los cerca de cien relatos que habían sido enviados para concursar, en lo que la organización calificó como un éxito inesperado. Era la primera vez que esta fundación recurría a la literatura como vía de expresión y publicidad de sus actividades, una forma de divulgar y hacer conocer lo que son sus fines que, en palabras de la coordinadora de la entidad, que suscribo plenamente, es de lo más efectiva. La literatura no sólo es capaz de trasladarnos a otros lugares, épocas y personajes, sino que también posee el poder de explicarnos realidades que nos pueden ser ajenas, vivencias novedosas, y experiencias que, contadas de una manera aséptica serían incapaces de conmovernos. El poder del escritor está en la belleza de su prosa, sí, pero también en el arte que supone suspender la realidad y crear una nueva, a la que llamamos ficción, pero que es tan auténtica para el lector como la silla en la que se sienta mientras lee. A veces una novela explica realidades que decenas de ensayos no logran aclarar, y ese es uno de los muchos misterios del arte literario. En el caso de este concurso, las bases indicaban la necesidad de que los relatos, breves por definición, hicieran referencia de manera explícita en su trama a los aspectos que caracterizan a la economía circular, y eso no es sencillo, porque tiene su mérito lograr un texto que atrape al lector y que a la vez permita explicar algunos aspectos de algo tan técnico y aparentemente frío como es la economía, en cualquiera de sus formas geométricas, valga la gracia. He podido leer el relato de mi amigo pero, por falta de tiempo, apenas he dado un vistazo al resto de participantes, que pueden ustedes ver y descargar en esta web, cosa que les recomiendo. A la hora de recoger los galardones, una de las premiadas estuvo presente en el acto, pero tanto otra chica como yo íbamos de parte de amigos nuestros que no podían acudir, y teníamos una cierta sensación de postizo, de mérito ajeno al que le estábamos robando, de manera injusta, protagonismo. A la hora de sacar unas fotos de los galardonados pensé, por un momento, que esto es lo más parecido que había hecho en mi vida a casarme engañando a mi mujer, porque no era yo el que tenía que estar posando, luciendo frente a los flashes, sino mi amigo. Cuando él reciba las fotos del evento no podrá reconocerse, aunque sepa que, en cierto modo, estaba ahí. No tanto en este caso por el poder de la literatura, pero sí por la imaginación, que a todas partes llega.


En el pequeño cóctel que tuvo lugar tras el acto de entrega, nos comentaron los miembros del jurado que la decisión del orden de los galardones había sido difícil, porque los tres textos tenían tanto valía literaria como acierto a la hora de plasmar el ideario y objetivos de la fundación. Cosas de la vida, me tocó recoger el primero de los premios, dado que antes de la ceremonia los tres galardonados sabían que lo eran, pero no el orden. Leí unas palabras que CGD me había enviado para agradecer la concesión del mérito y el origen de la inspiración de su texto, basado en la contemplación de un pueblo rural abandonado hace ya varias décadas, testimonio de esa España vacía que tan bien describe Sergio del Molino. Y así, con palabras y textos, y alguna vianda en terraza, pasamos los presentes una velada agradable.

2 comentarios:

cgd dijo...

Muchas gracias por haber ido a recoger el premio. Me alegro de que fuese una tarde agradable. Era muy apropiado que un economista como tú acudiese a un acto de la fundación para la economía circular. Si los relatos sirven para que tardemos un poco más en destruir el planeta, el concurso ha merecido la pena.
CGD

Unknown dijo...

A mí también me ha gustado el Sr. Esteban, incluso da un poquito de envidia.