viernes, agosto 07, 2015

A Pablo Iglesias se le escapa Desembarco del Rey

Seguro que a usted le han tomado alguna vez la tensión. Le ponen alrededor del antebrazo esa cinta gruesa llena de velcro, se la cierran, y una presión mecánica empieza a actuar sobre el músculo hasta un punto que puede llegar a incomodar. Entonces la tensión deja de crecer y poco a poco se relaja, a un ritmo más lento que el que empleó para aumentar, y en un momento dado una pantalla le muestra los resultados de la máxima y mínima, y ahí es donde empiezan (o no) los problemas en función de lo que los números canten. A veces es necesario repetir el proceso para asegurarse de una correcta medición.

A la marca electora Podemos le está pasando lo mismo que a la presión de su brazo en la toma de la tensión. Subió muy alto y muy deprisa, pero una vez que ha tocado techo inicia un suave y continuo descenso que todas las encuestas vienen certificando desde hace meses, la última la del CIS, conocida esta semana y que con su maestría habitual destripa Kiko Llaneras. ¿A qué se debe esta bajada? Creo que no es difícil deducir que hay dos fuentes causantes, propias y ajenas. Las ajenas vienen derivadas de, vaya símil más completo que he encontrado, una cierta bajada de la tensión social del país. La recuperación económica no es completa, ni plena, ni nos va a devolver a los años falsamente dorados previos a la burbuja, pero existe. Miles de personas encuentran trabajo, precario y mal pagado puede ser, pero salen del paro y se sienten mejor. Los indicadores macro que suben reflejan en el fondo una tendencia de mejora que poco a poco se extiende por la sociedad. No será suficiente quizás para que el PP arrase en las elecciones generales, que es lo que busca, pero sí para impedir que los movimientos alternativos puedan despegar más. Otro facto ajeno es que el resto de formaciones, como es obvio, no se han dejado insultar por parte de Podemos sin responder, y los ataques recibidos hacen mella en la formación de Iglesias. Pero con ser estos importantes, creo que los factores propios son los determinantes para explicar la bajada de la formación, y su propio líder, Pablo Iglesias, los encarna perfectamente. La prepotencia, chulería, soberbia, la infinita altanería con la que este personaje se mueve en el mundo le ha convertido en el segundo político peor valorado por la sociedad, sólo superado en inquina por Rajoy. La imagen de esperanza de la formación queda supeditada a un líder autoritario que muestra rasgos dictatoriales a cada paso que da, que en cada pregunta que se le hace es incapaz de esconder las ganas que tiene de mandar detener al periodista, que fue muy listo a la hora de detectar un sentimiento de rabia y canalizarlo, pero que vive cegado en el orgullo. El trato que ha dado a formaciones como IU es, simplemente, humillante, y ha provocado que muchas de las bases “naturales” de Podemos huyan ante un la presencia de un personaje que no hace más que aumentar la sensación de rechazo. El resto de portavoces de la formación no han aprendido mucha dialéctica de su líder, pero si modales toscos y agresivos, y hacen que cuando se presente un portavoz de Podemos en una debate o programa sepamos que ya tenemos ahí a quien va a tratar a los demás como “casta” basura mientras que él y los suyo son la virginidad inmaculada. Es una forma caricaturesca de describirlo, pero basta aguantar unos minutos de esos debates para sacar esa sensación. Como estrategia de comunicación pública es, como mínimo, suicida.

Sumen a todo esto la llegada de Podemos al poder real, en forma de ayuntamientos y comunidades, y la catarata de decisiones para la galería tomadas, fundamentalmente cambios de retratos y bustos reales, y una incapacidad de gestión práctica que, a la vuelta del verano puede convertirse en un serio problema de seguir así, para que muchos votantes que pensaban que las soluciones iban a venir de esos círculos empiecen a verlos como un problema más. En las siguientes generales Podemos sacará buenos resultados, y puede ser determinante en algunos pactos, pero no es la formación líder del país, ni la jefa de la oposición. Y debe asumirlo y empezar a comportarse con correcta y modesta normalidad. Pablo, Desembarco del Rey está cada vez más lejos.

jueves, agosto 06, 2015

En el fondo del mar, ¿nos importan los inmigrantes?

La noticia de que puede haber cientos de muertos en el hundimiento de una barcaza repleta de inmigrantes en el canal de Sicilia, hecho sucedido ayer, no logra, ni siendo Agosto, encaramarse a lo más alto de los titulares de la prensa digital. A la hora que escribo esto, 8:02 AM, ni El País ni El Mundo lo colocan arriba del todo. Sin maximizar la ventana del navegador, en el caso del diario de Prisa la noticia aparece tras diez pantallazos, con una cifra de víctimas de en torno a 25, mientras que para el medio de propiedad italiana son siete los pantallazos para llegar a un titular secundario que alude a cientos de víctimas mortales.

Y es que lo segundo que más impacto me produce de toda la tragedia que está teniendo lugar estos meses, años, con la inmigración en Europa, después del shock que supone el problema en sí mismo y sus dramáticas consecuencias, es la absoluta indiferencia con la que se vive por parte de la población del continente. Durante años los países que somos frontera sur con la inmigración, especialmente España e Italia, hemos sido tratados con menosprecio por los del norte, siendo acusados por estos últimos de lesionar los derechos humanos de los inmigrantes por impedirles saltar las vallas, como en el caso de Ceuta y Melilla, pero dejando claro que no podemos permitir que lo hagan. En el caso del Mediterráneo es el mar, ese bello y asesino mar, el que hace de eficaz valla, llevándose al fondo vidas que, para muchos, no son un problema. Los problemas que desde hace semanas se viven en el paso de Calais, boca de entrada francesa al eurotúnel que une al Reino Unido con el continente, han hecho que la inmigración sea noticia de portada en los países de destino de la misma, no en los de tránsito como es nuestro caso. ¿Y cuáles han sido las medidas tomadas para solventarla? Poner más vallas, alambradas y policía, y quizás, también, concertinas. Ha bastado una semana de incidentes en Francia y quejas por parte de París y Londres para que la Comisión Europea destine más dinero a este asunto (para comprar rejas) en esos países que lo que se ha gastado en años para asistir al gobierno de España o, sobre todo, Italia, que acoge a miles de refugiados sin ayuda alguna, lo cual nos vuelve a demostrar que, no sólo en el caso del Euro, Europa es una unión de diferentes con muy distinto poder e influencia. ¿Qué pasaría si Ceuta y Melilla fueran francesas, o inglesas? ¿Cuán altas serían las vallas instaladas, o afiladas sus concertinas? El inmigrante que se ahoga en el Mediterráneo es el favorito para los políticos europeos pero, sobre todo, para la población de los países, sí, para todos nosotros. Nos permite expresar una profunda congoja por su destino, por lo injusto del mundo y por lo mal que va todo, pero ese hombre o mujer que se hunde bajo las aguas no hará cola en “mi” centro de salud, ni será competencia a la hora de encontrar “mi” empleo, ni sus hijos lucharán por las plazas de “mi” guardería, y así una tras otra, las miles de razones que no nos atrevemos a decir en público, porque son políticamente incorrectas, pero que aplaudimos en privado, y que hacen que partidos abiertamente xenófobos alcancen grandes porcentajes de voto, y que obligan a los partidos que no lo son a mantenerse callados en este tema, porque también saben que de opinar de otra manera, perderán votos. Así de cruel es todo esto.


Europa, un continente rico, rodeado de mucha pobreza y guerra en el sur, debiera empezar a plantearse una gestión inteligente y de largo plazo de la inmigración. Somos un continente envejecido, con población menguante y que a largo plazo, por puro interés de supervivencia, necesita mucha población nueva. No sólo por solidaridad, también por egoísmo, podemos acoger a decenas de miles de personas, que seguirán huyendo del infierno de sus países hagamos lo que hagamos. Dejarlos morir, olvidarlos, que un león ocupe más portadas que sus vidas, es una muestra de lo (poco, nada) que nos importan, y servirá de baremo para juzgarnos moralmente en el futuro. Todo este complejo asunto resulta desolador.

miércoles, agosto 05, 2015

Sin ordenador no soy nada

Cuando he llegado al trabajo tenía varias alternativas sobre qué iba a escribir en mi artículo de hoy, a la hora habitual. Dudaba entre escoger algo de la actualidad, como los presupuestos de 2016, o el dilema de la inmigración en Europa, o en algo más personal, pensando sobre todo en la tarde que pasé ayer en compañía de unos amigos y compañeros de trabajo, que nos fuimos de visita a la casa de una amiga que ha tenido que ser operada de una rodilla, y pasa este agosto entre vendas, muletas y sillas de ruedas. Quizás el tema de las barbacoas en las largas tardes de verano diera juego, pensaba…

Pero este y otros pensamientos se han deshecho cuando he encendido la pantalla del ordenador y he visto que el monitor no me mostraba el mensaje de Windows para introducir contraseña, sino un texto en formato DOS con error de arranque. Suelo dejar en ordenador encendido entre semana, dado lo largo y tedioso que es el proceso de arranque en el trabajo, y evidentemente ayer se debió ir la luz o algo similar (seguimos de obras en el edificio) y el equipo se debió arrancar solo. Y no pudo. He pulsado el botón de inicio para empezar nuevamente la secuencia y, una y otra vez, obtenía un mensaje de error en la pantalla y se quedaba todo bloqueado en el momento en el que lo había descubierto al llegar mío. Es entonces cuando uno se empieza a poner nervioso. Otro intento, y otro, y el nervio se convierte en una ligera sensación de miedo que refresca el cuerpo mucho más de lo necesario en este cálido verano de 2015. Empieza uno a temer que todo lo que tiene en el equipo, tanto de trabajo como personal, se haya perdido, o no sea accesible, que para el caso es lo mismo, y recuerdas que la última copia de seguridad que hiciste de los archivos fue hace unos seis meses, y ese tiempo entonces te parece eterno, infinito, como una distancia sideral de miles de millones de años luz. Y los temas previstos en el blog desaparecen de la mente, y descubres que sin el ordenador no sólo el blog no existe, sino que no hay manera de hacer nada. Ni de escribir ni ver imágenes, ni compartir archivos... nada. El mismo concepto de archivo, ligado ya para siempre a un soporte virtual, se convierte en una entelequia. Vuelves al mundo primitivo de la mesa blanca, el papel y el bolígrafo, y te sientes perdido por completo, sin saber ni qué hacer ni qué decir. Pasadas las 8:20 de la mañana, sólo por completo en la oficina y sin que los del departamento de informática hayan venido, la sensación es desoladora. No hay ni compañeros a los que decirles si a ellos les ha pasado lo mismo, ni superiores, no hay nadie. Bajas a la planta en la que están los de informática y, obviamente, descubres que el resto de los mortales tiene en agosto unas costumbres que les hacen llegar a la oficina a unas horas menos indecentes y tempraneras que las mías, y como no tienes manera de mandarles un correo de aviso ni nada por el estilo, apuntas en un papel su teléfono y, de vuelta a la mesa, llamas de vez en cuando, esperando que una voz acabe por salir al otro lado de unos pitidos que, como telégrafo de principios de siglo, gritan un SOS para quien pueda recibirlo. Como un Titanic que se hunde, ansías que alguien responda, y a medida que pasa el tiempo y nadie lo hace, al sensación de que el agua sube es, literalmente, imparable.

Finalmente una voz aparece al otro lado del teléfono y me dice que va a subir. Y sube, y como caballero blanco al rescate de su medieval doncella, aparece por un pasillo vacío rumbo al ordenador que nada ordena. Tras varios experimentos y pruebas, conseguimos, sin saber muy bien cómo, que el equipo arranque, y yo agradezco infinitamente a mi salvador su ayuda que, tras “desfacer” el entuerto, se va por el pasillo. Y con todo en marcha, y la sensación de inseguridad bien metida en el cuerpo, me pongo a escribir este artículo del blog, con un tema nada agradable que no importa a nadie, menos a un hombre que sin la tecnología no es ni capaz de expresar su desvalimiento.

martes, agosto 04, 2015

Carmona y los líos del PSOE de Madrid

Agosto ya no es lo que era. Se ve mucha gente en el metro, en la oficina el desierto de antaño está salpicado de oasis laborales y la política no se toma vacaciones. No les voy a dar hoy la plasta con la convocatoria electoral del iluminado de Artur Mas, pero sí quiero comentarles el último episodio de la eterna guerra que se libra, quizás desde antes de su fundación, en el PSOE de Madrid, donde ayer se destituyo a Antonio Miguel Carmona, conocido tertuliano y dicharachero comentarista, de su papel de portavoz del grupo socialista en el Ayuntamiento. Carmona, en su rueda de prensa posterior, fue otra vez el tertuliano estrella.

Las guerras socialistas en Madrid son como las franco alemanas, hay una para cada época. En los ochenta y noventa el partido se dividió en taifas encabezadas por líderes que las denominaban. Estaban los guerristas, acostistas, balbases y otros clanes similares enfrentados en una lucha intestina por alcanzar el poder y relegar al resto de adversarios al ostracismo más oscuro posible. Esto fue hábilmente aprovechado por un PP en alza para relegar al PSOE a la oposición tanto en el ayuntamiento como en la comunidad. Todos los intentos de pacificar el partido por parte de la dirección federal acababan en lo mismo. Decisión manu militari que se cargaba una ejecutiva vigente y, gestora mediante, colocaba otra en su lugar. Las aguas se calmaban durante un tiempo hasta que, nuevamente, con la excusa más peregrina, comenzaban otra vez las luchas enconadas sin fin. Lo que ahora vivimos es, exactamente, lo mismo. Tomas Gómez, arrasador alcalde de Parla, fue visto como la esperanza del partido para acabar con la Esperanza popular, pero su actuación como jefe de la oposición, sus formas, modales y estilo acabaron desesperando a propios y extraños. Ante las trascendentales elecciones de Mayo de este 2015 Ferraz optó por liquidar a Gómez (se acuerdan de la escena del cambio de cerradura, verdad??), instaurar una gestora dirigida por el veterano Rafael Simancas, y colocar a Gabilondo, un afín a Pedro Sánchez, en la candidatura a la comunidad. Para el ayuntamiento el candidato ya nombrado era Carmona, que se había hecho famoso en las tertulias televisivas, que no se calla ni debajo del agua aunque no tenga nada interesante que decir, y que con un aire de chulería muy castiza iba diciendo a todo el mundo en campaña que le tratasen ya como el alcalde que, seguro, iba a ser. Tras las elecciones el PSOE sacó un buen resultado en la Comunidad, perdiendo ante el PP, y nefasto en el Ayuntamiento, quedando por debajo del PP y de Podemos (Carmena). Pese a ello Carmona se sentía como ganador, con el peor registro de votos alcanzados por el PSOE en la capital desde que hay constancia, y tras la firma del pacto de gobierno con Carmena, se sentía seguro y protegido. Hace una semana, en una elección primaria a cara de perro entre la candidata de Pedro Sánchez y el de Tomás Gómez, fue esta última, llamada Sara Hernández, la que se impuso para gobernar el POSE en la región y salir de la situación de gestora vigente desde Abril. Carmona apoyaba al otro candidato, por lo que la derrota del suyo debió sonarle como un aviso. Seguro que ni él ni nadie esperaba que fueran a descabellarle tan rápido y mandarle a toriles con la prisa con la que lo hicieron ayer.

Carmona amenaza con dar guerra, y desde luego es seguro que callado no se va a quedar, porque no sabe. Más allá de las disputas políticas, se ha demostrado como un mal candidato, incapaz de contactar ni con las bases históricas del partido ni con las generaciones nuevas, desencantadas con la política. La decisión de, en el fondo, Pedro Sánchez, simplifica la política madrileña, porque todos nos equivocábamos cada dos por tres entre Carmena y Carmona, pero amenaza con que las noches televisivas se llenen de su verborrea imparable y estruendosa, lo que aumentará la venta de analgésicos. Corolario de todo esto. Ya visto con Wert, ahora con Carmona. Por favor, tertulianos, absténganse de ser candidatos políticos.

lunes, agosto 03, 2015

Mis recuerdos del Café Comercial

Leer la prensa junto a un café, pasar las hojas con texto e imágenes, informándome y disfrutando de la lectura. Oír el tintineo de vasos, tazas y demás enseres, el paseo de camareros cargados con desayunos pedidos desde esa o aquella mesa. La calle, cuya luz se filtra por las grandes ventanas que alcanzan hasta el techo, uno de esos altísimos que denotan la edad y solera del edificio. Voces susurrantes que se expresan en múltiples lenguas y que, por causa del azar o el deseo, se han reunido en un mismo lugar a disfrutar del desayuno y el tiempo. Ese tiempo que pasa junto a la ventana y no cesa.

Muchas son las mañanas de Domingo que he pasado en el Café Comercial de la Glorieta de Bilbao, el más antiguo de los de su especie que sobrevivía en Madrid, y que tras su cierre obliga a usar todos los recuerdos a él referidos en un término pasado que resulta angustioso a la vez que triste. Iba a media mañana, a eso de las diez y media pasadas. Justo antes pasaba por el quiosco sito en frente de su puerta giratoria, compraba un par de periódicos y, armado con el papel, entraba al café, me sentaba en una mesa, casi siempre en la misma situación, y pedía un café con leche. El camarero que me atendía, que muchas veces era siempre el mismo, me miraba a menudo con cara de “sólo un café con leche” a sabiendas de que iba a pasar un buen rato sentado leyendo por un bajo “precio de entrada” pero no decía nada, y se iba a la barra a cantar mi pedido y otros muchos más. A esa hora el salón no estaba lleno, ni mucho menos, pero sí solía haber algunas mesas ocupadas, a veces las de los fieles, señores que tenían su sitio reservado y que, como una prolongación de su casa, lo usaban para vivir. La anexa boca del metro engullía y vomitaba gente de manera continua, y de estos últimos alguno siempre acababa entrando al café. A veces eran turistas, a los que se les veía con esa cara de perdidos que tenemos todos fuera de nuestro terreno habitual, otras eran lugareños de toda la vida, o personas silenciosas, parejas con o sin niños, jóvenes con pinta resacosa que acudían a por algo sólido tras muchas horas líquidas, personas que se citaban allí para verse, trabajar o contarse historias…. El salón era un ir y venir de personajes y situaciones que, muchas veces, hacían la competencia a la intensa actualidad que chillaba desde los titulares de la prensa. Miles de historias cruzadas, en las que se podían ver todos los rasgos y expresiones humanas, desde la tristeza profunda de alguien que necesita ser consolado, y ha quedado allí con quien pueda dárselo, a la de las alegrías de la celebración, pasando por los tipos grises, como yo, que leíamos la prensa y no hacíamos mucho ruido. No me he enamorado en el Comercial, pero sí he visto mujeres de belleza desbordante, solas o acompañadas, que en ese marco lucían con una elegancia imposible de igualar. A veces veías a alguna chica sola que, como yo, leía periódicos con un café, y te daban ganas de saber qué es lo que le había llevado hasta aquel lugar, cuál era su motivación para pasar una mañana disfrutando del mismo placer que yo buscaba. Huelga decir que nunca pregunté nada a ninguna, y que a partir de ahora esa pregunta, y ese mismo entorno, carecen ya de sentido.


No se por qué ha cerrado el Comercial. Quizás por motivos económicos, porque éramos muchos los que pasábamos tiempo con un café, o por que ha recibido una oferta irrechazable de una cadena de moda para montar otra clónica tienda de ropa, como las hay a millares, o porque como se ha publicado por ahí las dueñas estaban ya pachuchas y no querían seguir con el negocio. Sea como fuere, de manera brusca y sorprendente, el Comercial ha cerrado. Antes he dicho que no me enamoré en el Comercial, pero sí me enamoré de él. De su espacio, de su ambiente, de lo que significaba. Ahora sólo puedo, como cuando los amores se van, sentir su ausencia y dolerme por ella.

viernes, julio 24, 2015

De momento, este es nuestro único hogar

La búsqueda de exoplanetas no cesa, y gracias a ello casi cada día podemos aumentar el catálogo de potenciales vecinos, con lo que aumenta la probabilidad, y con ello la esperanza, de que algún día sepamos si estamos solos en el universo o no. Ayer se dio a conocer el descubrimiento de Kepler-452b, un planeta de tamaño similar a la Tierra, un poco mayor de hecho, que orbita en la zona habitable de su estrella, definiendo habitable la posibilidad de que pueda haber agua líquida en su superficie, y que está a unos 1.700 años luz de nosotros. Al lado en términos espaciales. Otro candidato en el que fijarse más atentamente.

Pero de momento, y hasta que algo muy sorprendente se descubra, y ojalá sea pronto, el único planeta que sabemos que es habitable es en el que vivimos, el nuestro. Este lunes 20 la NASA publicó una preciosa imagen de nuestra Tierra tomada desde el espacio, en la que podemos verla en su totalidad. La imagen puede parecer convencional, pero no lo es. De hecho es la primera imagen de este tipo que podemos ver desde las misiones Apollo, de hace cuarenta años. Está tomada por un satélite situado a un millón y medio de kilómetros de nosotros, y es una captura real, sin filtros, del disco terrestre plenamente iluminado por el Sol. Las vistas habituales que vemos de la tierra tomadas por los astronautas se realizan desde la Estación Espacial Internacional, a escasos cuatrocientos kilómetros del suelo. En ellas se pueden apreciar muy bien las nubes, detalles geográficos, ciudades y demás cosas de interés, pero si se mira al horizonte la curvatura del planeta y la atmósfera, a modo de cinta situada sobre el mismo, impide todo tipo de impresión global del planeta. Los satélites geoestacionarios, como el meteosat meteorológico, orbitan más lejos, a unos 36.000 kilómetros de altura, y lo hacen en ese punto porque ahí su velocidad de giro se acompasa con la del planeta y pueden permanecer “quietos” sobre un mismo punto de manera constante en el tiempo. Pero aún desde tan lejos las imágenes tienen distorsiones y no permiten apreciar el mundo en su totalidad. Ahí que irse más lejos. Y da que pensar que en cuarenta años no hemos mandado una cámara de fotos (que no me lea nadie que sepa de esto) allá donde se pueda obtener la imagen en condiciones reales. Hasta este Lunes, la última toma de este tipo, tomada como les digo por los astronautas de las misiones Apollo, era conocida como “la pequeña canica azul”. En ella el objeto que dominaba la toma era el sur de África y, como en este caso, y por lógica, el mar era el fondo dominante. Esa imagen fue un revulsivo mundial, porque aparte de su belleza, indiscutible, supuso un impacto al poder ver todos, por primera vez, el mundo en el que vivimos. La aldea global, que empezaba a serlo gracias a las tecnologías de la comunicación, se convertía en un icono, en una imagen en la que se mostraba la belleza de nuestro mundo, su grandeza y, a la vez, su fragilidad. Era y es sobrecogedor comprobar como todo lo que somos sigue ahí, rodeado por el más vasto y frío negro que uno pueda imaginar, y que una franja minúscula de aire es lo que nos protege de convertirnos en nada. La imagen de los setenta supuso para muchos un cambio de paradigma, disparó las creencias en lo esotérico y, sin duda, impulsó la conciencia ecológica como pocas campañas podían haberlo hecho. Cuarenta años después, tras inmensos avances tecnológicos, podemos ver una nueva imagen de nuestra “casa” en todo su esplendor, y la misma sensación de belleza, inmensidad y fragilidad se vuelve a producir en cualquiera que la observe.

Es complejo asumir que todo, todo lo que hemos sido, somos y seremos, se produce en esa pequeña bola de colores. Alegrías, penas, dramas, emociones, arte, belleza, sentimientos, vacíos… todas nuestras vidas, y las de los que nos han precedido, y la de los que nos precedan, tendrán lugar en este planeta, en el que, visto desde el cielo, no hay fronteras ni divisiones ni colores de piel ni razas ni, desde luego, rastro de la presencia humana. Carl Sagan lo expresó hace ya unos cuántos años de una manera muchos más precisa y bella de lo que yo jamás podré hacerlo, así que no lo repetiré, pero les aconsejo que le lean. Todo está ahí. Y es libre soñar en un futuro en el que descubramos otro lugar en el que, también, podamos estar.

La semana que viene la pasaré entera en Elorrio, por lo que no habrá entradas en el blog. Si todo va bien, volveré a escribirles el Lunes 3 de Agosto. Descansen y ánimo con el calor!!

jueves, julio 23, 2015

Tormenta en (el ayuntamiento de) Madrid

Ayer, por fin, tras muchas semanas de altísimas temperaturas y cielos infinitamente azules, una tormenta vino a mojar el árido suelo de Madrid, lamiendo sus heridas como un beso, y aliviando la sensación de agobio de todos los que en la ciudad estamos pasando el largo y muy cálido verano de 2015. Rayos, truenos, cortinas de lluvia de intensidad variable, un agua que hizo buena la expresión de “como caída del cielo” que por sí misma no supondrá una solución a la sequía de este verano y a la vegetación que, ya chamuscada, no podrá resurgir, pero ofrecerá alguna oportunidad a árboles y demás especies, ansiosa, como nosotros, de un respiro.

Donde parece haber tormenta todos los días, en Madrid, es en el ayuntamiento. La última bronca ha tenido como excusa la web Madrid Versión Original, en la que el ayuntamiento trata de dar su versión de las noticias que publican los medios sobre él. Esta página, que muestra cómo a todo político le encanta usar los medios contra el adversario cuando no tiene poder, pero que al alcanzarlo ve en los medios el gran adversario, muestra sobre todo, infantilismo. Tras la toma del control municipal por parte de la candidatura de Ahora Madrid, empieza a verse poco a poco que ni los integrantes de esa lista eran las personas mejor preparadas para unos cargos complejos y de difícil gestión ni parece que se estén poniendo las pilas a ello. Resulta muy sencillo escribir tuits en internet, yo también lo hago. Más difícil es no ofender a nadie con ellos, pero se puede, yo de hecho consigo no enfadar al personal. Lo realmente complicado es la gestión diaria de una ciudad, que exige mucho trabajo, esfuerzo, pocas satisfacciones y estar un tiempo fuera de los focos que tanto se buscaban en la oposición para hacer el trabajo debido. Tras la desastrosa gestión de Ana Botella casi cualquier cosa que suceda es mejor, pero Ahora Madrid aún no ha demostrado tener ni una idea de ciudad ni de saber qué es lo que quiere hacer en ella. Las calles siguen tan sucias como hace meses, por lo que aún es más de agradecer el lavado propiciado por la lluvia de ayer, múltiples obras de gran envergadura siguen paradas a la espera de que las distintas concejalías se decidan a darles los permisos, quitárselos o dejarlos a medias, el turismo ha repuntado con la ola de visitantes que bate récords en el conjunto de España, pero sigue sin haber una director clara de cómo enfocar el destino Madrid, ha surgido la idea de renombrar calles para eliminar denominaciones franquistas, pero ni se ha hecho un inventario de a cuáles afectaría ni el criterio que permita determinar quién era franquista de corazón y quién superviviente en medio del régimen, y así un largo etcétera de ideas que no han llegado, de momento, a plasmarse en nada. Si parece, por lo que uno puede ver desde fuera, que la alcaldesa, Carmena, es incapaz de controlar a las huestes juveniles provenientes de Podemos que están ocupando concejalías y cargos intermedios de poder. Eso le está ocasionando graves problemas de imagen personal y dotando al ayuntamiento de una cada vez mayor sensación de desgobierno. El episodio de la web ha sido el último, pero quizás el más visible, de cómo se pueden dar tres o cuatro versiones de un mismo asunto en un solo día, anunciando el cierre, luego la reforma, y finalmente el no hacer nada, y todo ello con Carmena, Carmona y Rita Maestre hablando sin parar. Una imagen, desde luego, muy original, y que la verdad, me recuerda mucho a la vacilante y desnortada Ana Botella, cuyo mensaje era tan disperso y caótico como el de ahora. Si a ella le asaetamos por ello, no veo por qué no hacerlo ahora con la nueva corporación. Pregúntese usted qué hubieran dicho los medios si Botella y el PP de Madrid hubieran creado algo parecido a esa web que, como les recalco, sobre todo denota infantilismo.

Hay muchas cosas en la gestión diaria en la que, la verdad, el ayuntamiento debiera retirarse. Liberalizar permisos de apertura, reducción de trámites burocráticos, abrir las puertas de la ciudad para que emprendedores, visitantes, inversores y todo aquel que quiera, venga a Madrid, gaste su dinero, comparta su vida con lo que ya estamos aquí y devuelva la vida a esta ciudad, sino marchita, algo opacada. Pero lo de limpiar las calles y otras muchísimas e importantes cuestiones es responsabilidad de un ayuntamiento, que sigue tan quebrado como antes de las elecciones, y que posee unos impuestos muy altos. A ver si poco a poco Carmena y los suyos enderezan el rumbo. Sino, el “Ahora sí se puede” se convertirá, y pronto, en “Ya no se puede”

miércoles, julio 22, 2015

Tres periodistas desparecidos

Desde ayer por la tarde nuestra preocupación tiene nombre de tres periodistas, y vuelve a hacernos mirar al infierno de Siria. José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega llevan desde el 9 de julio sin dar señal alguna, y se sospecha que pueden estar retenidos en manos de algunos de los innumerables grupúsculos que actúan en la guerra siria. Es difícil incluso asegurar que esto sea así, dadas las casi imposibles comunicaciones que existen en la zona, pero es, sin duda, el escenario más probable. Estas noches, desde ayer de manera conocida, sus familias no habrán dormido tranquilas. A ellas debemos prestarles apoyo, entre otras cosas siendo discretos y confiando en el gobierno y demás autoridades.

Los tres periodistas eran “freelance”, un término anglosajón que esconde una vieja realidad que, ahora parece ser el pan nuestro de cada día en los medios de comunicación. Periodistas intrépidos, valientes y arrojados, que todos lo son para acudir a un escenario de pesadilla como el sirio, pero que carecen de todo lo material que uno pudiera imaginar, empezando por un contrato con el medio para el que trabajan. Esos periodistas acuden a las zonas en conflicto, o a su barrio cuando cae la lotería de Navidad, o la playa veraniega, a donde sea, y elaboran una crónica, un reportaje, una entrevista, una pieza informativa, que es vendida y comprada por agencias y medios, un día por unos, otro por otros. Y al día siguiente, a otro destino, en busca de información que poder vender, a quien quiera pagarla. Si esas condiciones pueden ser duras en nuestro entorno, imagínense en un escenario de guerra, donde muchos de ellos se compran los chalecos antibalas de su bolsillo, carecen de equipo de apoyo y sólo confían en que el PRESS que llevan impreso en la ropa en letras muy grandes actúe como un escudo ante los disparos. El tiempo de los corresponsales alojados en hoteles, en los que el periódico o la cadena pagaban estancia y alcohol, en cantidades industriales para poder olvidar muchas de las cosas que se veían a lo largo de la jornada de trabajo, hace tiempo que se acabaron. Ahora los hoteles se bombardean igualmente y, como no hay periodistas en ellos, no salen en las noticias. Para que usted y yo sepamos lo que sucede en Siria alguien tiene que ir a contarlo, y debe tener los medios necesarios para ello, y a ser posible que su preocupación sea la de relatar, no subsistir. El riesgo de que pueda pasar alguna desgracias en un territorio de guerra es obvio, lo sabe todo el mundo, y quienes más conscientes son de él son precisamente los periodistas que allí se embarcan, algunos de manera voluntaria, porque es el mundo que les apasiona, otros como mercenarios, porque saben que entre los escombros se esconde la noticia y la imagen de un futuro premio. Sea por la razón que sea, todos ellos realizan un trabajo difícil, muy peligroso, en condiciones penosas, en las que su vida vale lo mismo que la de las personas de los lugares a los que van (nada) y a sabiendas de que se la juegan por conseguir una o dos columnas en página impar en la sección de internacional, y a veces, ojalá, una pequeña columnita en portada, en medio de las banalidades de los políticos nacionales, que saturan las cabeceras y faldones con sus engaños, ensoñaciones y demás falacias. Ayer oí en algún medio que estos freelance cobran unos treinta y cinco euros por pieza facturada al periódico. Hagan ustedes las cuentas de cuánto supone eso al mes si, con suerte, puedes vender una noticia al día, y cuántas piezas hay que lograr colocar en el mercado de los medios para alcanzar el sueldo de usted o el mío. Y piense que no se ganan ese dinero sentados en una silla frente a un ordenador, o en un taller, o al otro lado de una barra del bar o vendiendo en una tienda. Piense en un escenario de escombros, sangre y lágrimas. Esa es su “oficina”.

En estos tiempos en los que muchos piensan que todo es gratis ya todo hay que tener derecho a acceder sin pagarlo, en épocas en las que los medios de comunicación ven como sus cuentas se hunden y, con ellas, su prestigio, los nombres de José Manuel, Ángel y Antonio nos vuelven a recordar que la información cuesta, que tiene un precio, que la labor del periodista es necesaria, debe ser respetada y retribuida, y que su ausencia nos llevaría a un mundo de sombras en el que no sabríamos que sucede ahí fuera. Quizás ese sea el sueño dorado de los que antes comentaba que llenan las portadas día tras día. No lo permitamos. En nuestra mano, y bolsillo, está impedirlo.

martes, julio 21, 2015

La bandera de Cuba ondea en Washington

Obama ha decidido pisar el acelerador a su presidencia. Consciente quizás de que se le acaba el tiempo, a poco más de un año del final de su mandato los cambios que ha ejecutado en la política de EEUU, interna y externa, empiezan a verse reflejados en actos que pueden calificarse de históricos. Las decisiones del Tribunal Supremo abalando el matrimonio homosexual y su reforma sanitaria, o el reciente acuerdo firmado con Irán merecen un calificativo de este tipo. Y actos como el celebrado ayer en la calle 16 de Washington, con la reapertura de la embajada de Cuba en la capital tras medio siglo desde el cierre, también son de lo que marcan un antes y un después.

Hay algo que comparten tanto el acuerdo iraní como el deshielo cubano, y es que son procesos esperanzadores, pero cargados de riesgo, en los que se debe ser pragmáticos pero muy vigilantes para que acaben en buen puerto. En el caso de Cuba la situación para EEUU es, si cabe, más compleja. Con más de un millón de cubanos refugiados en Miami Cuba es casi un asunto de política doméstica para los norteamericanos, y desde hace décadas, un tema sobre el que había poco que discutir. El enroque absoluto de la dictadura de los Castro, que sigue viviendo fuera de la historia, instalada en una paranoia que sólo genera pobreza y sufrimiento, impidió que hubiera acercamiento alguno por ambas partes. La sucesión de Fidel por Raúl, en otro gran ejemplo de democracia popular donde las haya, abrió una pequeña puerta de esperanza, pero no se tradujo en resultados, al menos en un principio. Cuba mantiene relaciones con un montón de países, desde luego con España, y el bloqueo al que le somete EEUU es, desde ya hace bastantes años, más simbólico que real. El apoyo que le brindó la Venezuela de Chávez, regalándole petróleo que necesita como el agua, permitió al régimen castrista respirar durante un tiempo, y hacerse el duro. La cada vez mayor debacle del chavismo, sin su líder y sin los ingresos derivados de un petróleo cada vez más barato, volvieron a poner a Cuba frente a la espada y la pared. El régimen empezó a introducir algunas medidas para que la economía de mercado comenzara a existir en las calles de La Habana y demás ciudades, sin ninguna apertura política, por descontado, en un proceso que a cámara muy lenta me empezaba a recordar al franquismo de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, que aflojaba la mano económica pero no soltaba la que blandía la porra. El anuncio por parte de Obama, hace algo más de seis meses, del inicio de una “nueva relación” con Cuba nos cogió a muchos desprevenidos, pero fue el fruto de negociaciones que llevaban abiertas desde hacía bastante tiempo. Washington parece haberse dado cuenta de que medio siglo de hostigamiento a la isla sólo ha generado un enroque del régimen y la excusa victimista perfecta para que desde el entorno de los Castro se mantenga la dictadura. Quizás pensando en el efecto que tuvo en España el turismo de los sesenta, que no sólo aportó ingresos, sino que sirvió para mostrar a los españoles la nueva y fresca manera de pensar y ver la vida que existía en Europa, trata Obama y su gobierno de propiciar un cambio de régimen en la isla mediante el arma más poderosa, el intercambio comercial. Sita a unos 150 kilómetros de las costas de Florida, Cuba es la mayor de las islas del Caribe y puede ser la potencia turística sin rival en la zona, y hay el negocio es inmenso, tanto para las empresas ya asentadas en la isla, muchas de ellas españolas, como para las americanas, que verán un nuevo lugar para invertir, crear riqueza y hacer negocios. Y eso, tarde o temprano, generará cambios políticos en la isla, y eso creo que lo saben todos los actores implicados en este asunto.

No será ni fácil ni rápido, y contará con la oposición del ala más dura del exilio cubano, que se apoya habitualmente en los republicanos, pero creo que esta nueva política de relaciones con La Habana puede salir bien. Como antes señalaba, hay que mantener siempre un ojo avizor a sabiendas de cómo se las gastan los Castro, pero parece obvio que el régimen se encamina hacia su obsolescencia absoluta, y que una nueva economía, preludio esperemos de una recobrada libertad, sopla por el malecón y demás calles de una Habana, Cuba, que se merece salir del ostracismo en el que el comunismo le ha encerrado durante tantas y tantas décadas.

lunes, julio 20, 2015

Del Reves, de Pixar. Una maravilla

¿Qué somos? Poseemos conciencia, sí, ¿pero qué es eso? ¿Tenemos libertad o alguien nos rige en nuestro interior? ¿en qué punto la complejidad biológica es lo suficientemente intensa como para generar pensamiento abstracto? Estas inmensas preguntas que nos las hacemos a nosotros mismos, y cuyas respuestas no somos capaces de atisbar, están en el fondo de la última película de Pixar, titulada “Del revés” en donde la mayor parte de la acción sucede en el interior de la mente de una niña de 11 años, y donde no se busca responder a esas preguntas, sino simplemente, nada más que eso, enfrentarnos a ellas para ver hasta qué punto somos complejos y diferentes.

Pixar es, probablemente, es estudio de cine que ha creado las mejores películas de los últimos tiempos, basadas además en ideas originales. Sólo han hecho secuelas de sus propios grandes éxitos. El que sean películas de animación no quiere decir nada, porque a mi modo de ver lo importante es que cuenten una historia bien contada, pero sí debiera ser un toque de atención para muchos actores acartonados, que no transmiten ni la milésima parte de la emoción de que son capaces los dibujos de la empresa del flexo. Wall-E y Up marcaron una cota que parecía imposible de alcanzar Perfectas, emotivas, técnicamente perfectas, con uno diálogos grandiosos, y una soberbia ausencia de los mismos en dos inicios que son imposibles de olvidar, no dejaron indiferentes a nadie. Muchos lloraron, lloramos, al verlas, las varias veces que las hemos visto. Ahora, tras unos años de películas “normales” Pixar vuelve a deslumbrar con otra propuesta arriesgada, en la que los protagonistas no son los personajes que pudiéramos pensar en un principio, la niña citada, sus padres y el resto de humanos que deambulan por el mundo, sino las emociones que rigen a los personajes. Cinco de ellas (alegría, tristeza, miedo, ira y asco) rigen la mente de cada persona desde el puesto de mando del cerebro, que tiene conexión con la memoria, el almacenamiento de recuerdos, el subconsciente, y todas las áreas imaginables de la mente humana. Las distintas emociones luchan a veces, cooperan en otras, para hacerse con el control del panel de mandos que rige la personalidad de la protagonista, que responde como una autómata ante las acciones de esos sentimientos, y las palancas y botones que manipulan. Tras una mudanza no deseada que rompe la tranquilidad de los protagonistas “humanos”, las peripecias y aventuras que sufren dos de esos sentimientos, alegría y tristeza, cuando por un accidente son expulsados del centro de mando y caen una región perdida del cerebro, sirven para explicarnos cómo funcionan nuestras mentes desde un punto de vista subjetivo, con un despliegue visual apabullante y un nivel de imaginación portentoso. La sola idea de hacer que los recuerdos sean bolitas de colores, cada uno de ellos propio de la emoción que se asocia, y eso genere un mundo en el que las bolas se encuentren por todas partes es realmente perfecta. A medida que avanza la acción, y con asco, ira y miedo al frente de la mente de la humana, esta se irá volviendo cada vez más recelosa y emprenderá una huida de casa de sus padres, que la lleva hasta el borde del precipicio, mientras que tristeza y alegría intentan de todas las maneras posibles volver al puesto de mando para arreglar los, cada vez más graves, destrozos que no dejan de crecer en la mente de una niña confusa, donde ya nada será igual a como lo recordaba. La acción y, sobre todo, la emoción, son permanentes a lo largo de todo el metraje.

Y un punto muy importante que quiero destacar. En esta película, que sólo los adultos comprenderán del todo, no hay malos. No hay un personaje destructivo que hace faenas o causa problemas, no. Lo bueno y malo, todo, sucede en el interior de nosotros mismos, fruto de nuestra propia complejidad. Hasta ese punto es honesta la película, porque muestra que las decisiones que tomamos nosotros y los que nos rodean son la fuente de nuestra felicidad y las raíces que determinan la personalidad de cada uno. No es necesario ni un héroe ni un villano. Todos somos ambos a la vez, y es responsabilidad nuestra, y de quienes nos acompañan, que uno venza al otro. Vayan al cine, diviértanse y, sobre todo, asómbrense de un derroche de inteligencia y emoción como pocas veces habrán visto.

viernes, julio 17, 2015

Plutón es toda una sorpresa

La noticia de esta semana, con permiso de Grecia, los atentados terroristas de ayer en Egipto y EEUU y otras cuestiones económicas es, sin duda, Plutón. Como sucede muchas veces, al ventana de oportunidad para que algo ocupe los medios, habitualmente estrecha y fugaz, lo es más para noticias científicas, y ni les cuento para el caso de un planeta que, oficialmente, dejó de serlo hace pocos años. De hecho, cuando despegó la sonda New Horizons, que es la que ahora nos está informando sobre ese mundo, hace nueve años, Plutón era un planeta, pero en este tiempo transcurrido, en el que ha reventado nuestra burbuja, Plutón ha perdido estatus estelar.

El último de la lista de cuerpos del sistema solar, el que posee la órbita más excéntrica, que de hecho logra que muchas veces sea Neptuno el planeta más alejado de todos, ha sido siempre una sombra misteriosa. Pequeño, invisible al ojo humano, descubierto hace menos de un siglo, Plutón ha sido siempre un mundo menor, un planeta de segunda fila, que por dificultades propias y por ausencia de imágenes que nos lo mostrasen como tal, ha estado fuera de la imaginación y del hablar común. Creo recordar una sola excepción, que fue el programa de TVE “Plutón verbenero” de Alex de la Iglesia, y me quiere venir a la cabeza algún título de película, pero no me acuerdo y no quiero usar Google para aparentar que se lo que no se. Sin embargo, estos días, y con permiso de la actualidad, Plutón se ha colado en los informativos de medio mundo gracias a las preciosas imágenes captadas por la sonda, que ha logrado pasar a sólo 12.000 km de distancia de ese mundo. Ya sólo el hecho de viajar nueve años, a unos 14 kilómetros por segundo, y pasar tan cerca del objetivo, es para celebrar y felicitar al equipo que lo ha logrado. Y las imágenes que nos llegan, y seguirán haciéndolo, nos sorprenden. Con 2.370 kilómetros de diámetro, es más pequeño que nuestra Luna, que alcanza los 3.474 (La Tierra tiene algo más de 12.000, para hacernos una idea) pero frente a la imagen de nuestra Luna, inerte, llena de cráteres de edad antiquísima, y muy plana, la superficie de Plutón presenta un aspecto completamente distinto. Cordilleras y montañas de, se estima, más de 3.000 metros, se elevan sobre su superficie en algunos puntos, y el aspecto del planeta no es el que cabría esperar de una roca grande y muerta que recibe impactos de meteoritos, no. Posee cráteres, pero pocos, y en general la superficie parece muy “limpia”, como si esos esperados impactos se hubiesen “borrado”. Existen dos maneras conocidas de borrar esas marcas de impacto, y ambas funcionan en nuestra Tierra. Una es el clima, que erosiona los accidentes geográficos y los va suavizando poco a poco. Otra es la tectónica de placas, que poco a poco también va eliminando corteza terrestre y recreando nueva. En la Luna no existe ninguno de esos dos fenómenos, y por ello los impactos que allí se produzcan dejarán una cicatriz imborrable para siempre. ¿Qué es lo que está provocando, por tanto, que Plutón borre sus impactos y que su aspecto sea tan renovado? Ahora mismo nadie lo sabe, y hace una semana nadie podría imaginar que existiera alguna de estas posibilidades. Es difícil saberlo, y habrá que estudiar nuevas imágenes y datos para contrastarlo, pero la evidencia es aplastante. Plutón no es un cuerpo inerte que vaga, muy frío eso sí, como una simple roca. En ausencia de fuerzas de marea provocadas por la gravedad de un vecino gigante, como les pasa a varias lunas de Júpiter y Saturno, Plutón tiene una dinámica propia, que puede surgir o bien por la diferencia de temperatura que se genera entre las zonas expuestas y ocultas al sol (causa climática con atmósfera) o la energía que en el interior es capaz de mostrar potencia geológica. Lo cierto es que nuestro enano y poco considerado Plutón se basta y se sobra para lograrlo.

Es curioso como una sola foto es capaz de, en un instante, derrumbar muchas de las creencias que teníamos sobre algo y plantear nuevas e interesantes preguntas. Esta misión científica, como todas, solucionará algunas de nuestras dudas sobre Plutón, y nos enseñará más sobre cómo funcionan los planetas, en un momento en el que la detección de exoplanetas vive una época dorada, pero sin duda nos obligará a abandonar algunas convenciones que tenemos desde hace mucho y, desde luego, aumentar nuestros niveles de curiosidad y escepticismo, que siempre deben ser muy elevados. Al menos estaremos de acuerdo en que el modesto y enano Plutón se ha ganado, con creces, el derecho a ser considerado nuevamente un Planeta de primera división.

jueves, julio 16, 2015

Tsipras gana la votación pero, quizás, lo pierda todo

Las primeras imágenes de Plutón, lejos de mostrar una roca inerte, baldía, muerta, ofrecen una perspectiva dinámica, la sensación de un mundo joven. Enormes montañas de hielo de más de tres mil metros se elevan sobre la superficie más o menos uniforme de un planeta que, siendo así, muestra actividad geológica propia. Si alguien esperaba que Plutón fuera una aburrida y fracturada bola de hielo se ha dado una buena sorpresa. Nuevamente la ciencia nos muestra que, en cada avance, soluciona viejas preguntas pero plantea muchas nuevas, y nos obliga a ser escépticos, dudosos y humildes. Esa es, en el fondo, su gran lección.

Si en el desarrollo del drama griego hubieran participado un poco más estos factores a los que antes me refería nos hubiera ido mucho mejor a todos, especialmente a los propios griegos, los más interesados en ello. Esta madrugada, en otro episodio geológico, por la intensidad que posee y las fracturas generadas, Tsipras ha conseguido que el parlamento de Atenas vote a favor de las condiciones impuestas en Bruselas la pasada noche del domingo al lunes, por lo que se abre la puerta para, primero, conseguir un crédito puente de cerca de 7.000 millones de euros que permita afrontar los pagos pendientes de esta semana y la que viene, uno de ellos, determinante, con el BCE. Pero el precio más caro que tendrá que afrontar Tsipras no se mide en millones de euros, sino en votos perdidos. Su partido, Syriza, un conglomerado de fuerzas de izquierdas de orígenes y tendencias diversas, se ha fracturado muchísimo a la hora de escoger entre un acuerdo que destruye el programa electoral con el que se presentó a las elecciones pero le permite sobrevivir a la economía del país, o el rechazo a ese plan, la coherencia con sus políticas, y el abismo de la quiebra bancaria y la salida forzada del euro. La bronca entre los parlamentarios y dirigentes de la coalición ha sido de órdago, y las consecuencias permanecerán mucho más allá del día de hoy. Tsipras ahora mismo encabeza un gobierno que sólo puede sacar adelante las propuestas aprobadas con el apoyo de los votos de la oposición, de la Nueva Democracia y el Pasok que (des)gobernaron antes que él. Las reformas, nuevas leyes, duras medidas que tiene que implantar en días, semanas, no las puede sacar con los suyos. Parte de su gobierno se le opone, y esta es una situación anómala que, obviamente, no puede mantenerse mucho tiempo. Tarde o temprano, haya o no remodelación del gobierno, que se sospecha puede producirse hoy mismo, Tsipras se verá abocado a unas nuevas elecciones en las que verá si sigue contando con la confianza del pueblo heleno a la lista que, de fieles, le acompañe. En esa lista, entre otras bajas, no se encontrará ya el inefable Varoufakys, una persona cuyo personaje le ha ido devorando poco a poco hasta el esperpento protagonizado ayer, donde se convirtió en uno de los más críticos con las medidas que traía su, hasta hace menos de dos semanas, jefe en el gobierno. Desatado, libre de las obligaciones y restricciones de ser ministro, Varoufakys ha culminado sus breve y desastrosa gestión al frente de las finanzas helenas como un Nerón que, viendo arder desde su acrópolis particular a la banca griega, se muestra orgulloso de lo que ha hecho, no ve motivos de rectificación alguna y carga contra todos, imbuido de una especie de razón absoluta que le absolverá ante su pueblo e historia. Sería cómico si no fuera dramático.

Y tras un nuevo día de cierre de bancos y corralito, y con la resaca de los disturbios vividos ayer en las calles de una Atenas cada vez más nerviosa y desesperanzada, la economía griega sigue en su proceso de estrangulamiento, de parálisis, al carecer de efectivo, liquidez y servicios financieros. No quiere saber cuál puede ser el importe del rescate que pueda cubrir la ruina generada sólo en estas apenas tres semanas de cierre. La aprobación de esta noche es el primer paso para lograr levantar el corralito, pero no se engañen. El destrozo ya es inmenso y, en muchos casos, irreversible. Como me temo que acabará siendo la situación del propio Tsipras.

miércoles, julio 15, 2015

El pacto nuclear entre EEUU e Irán. Una buena noticia

Hemos necesitado llegar hasta Plutón para que una buena noticia tenga lugar en la esfera internacional, que tan convulsa y desgraciada está últimamente. Tras prolongar las conversaciones varias fechas más allá de las inicialmente pactadas, ayer se hizo público el acuerdo al que ha llegado el llamado grupo P5+1, una reunión selecta de potencias occidentales encabezadas por EEUU, e Irán, para supervisar el programa nuclear persa, alejando la posibilidad de que pueda ser el germen de una bomba atómica, pero permitiéndole desarrollar procesos que conduzcan a la producción de energía por esa vía.

En este acuerdo Irán sale ganando mucho, principalmente porque, hasta ahora, su programa nuclear, que aún no había conseguido frutos significativos, le estaba saliendo muy caro. Convertido en un paria en el contexto internacional, asfixiado por un embargo que le impedía exportar petróleo, su principal fuente de riqueza, y con una economía muy dependiente del exterior que se desangraba día a día, Irán tenía que acabar escogiendo entre continuar con una quimera que sólo le iba a traer desgracias o renunciar para poder seguir existiendo, al menos en lo económico. Al final se ha impuesto la sensatez de los nuevos dirigentes de Teherán, una vez que el desquiciado Ajmadineyad abandonó el poder. Sus años de mandato, cargados de declaraciones insultantes y amenazadoras, sólo supusieron miseria y pobreza para su pueblo. Su sucesor, Hasan Rohani, bastante más listo y pragmático, supo virar lo suficiente el hosco y oscuro régimen de los ayatolás como para acabar llegando a un acuerdo con las potencias que, en este caso, han actuado de manera coordinada y constante a lo largo del tiempo. Esta firma abre un nuevo mundo en la región, dado que vuelve a dar a Irán, la otra gran potencia regional junto a su archienemiga Arabia Saudí, el papel de actor relevante, y hasta cierto punto socio colaborador de ese gran Satán que es EEUU. La lucha contra el islamismo de DAESH, sunita, patrocinado encubiertamente por las monarquías del golfo (como no me lee casi nadie puedo escribir lo que casi todo el mundo piensa) ha convertido al chií Irán en uno de los principales aliados de EEUU en el combate sobre el terreno. Tropas de Teherán se desenvuelven por Irak como si fuera su país y desarrollan acciones de guerra coordinadas contra el enemigo común. Parece claro que esta asociación de intereses contra el mal ha logrado hacer esos extraños compañeros de cama que suele decir el dicho, y ha facilitado las negociaciones. Pero no sólo este aspecto se verá alterado por el pacto, no, las derivadas son inmensas. El mercado del petróleo va a ver como poco a poco un nuevo e inmenso productor vuelve a vender millones de barriles, lo que probablemente haga caer aún más su precio. La posición de Israel, contraria al acuerdo se ve, con la firma del mismo, debilitada, y hace que aumenten las rencillas entre Jerusalén y su histórico aliado norteamericano. La guerra de Siria, en la que el dictador Asad cuenta con un apoyo de Irán, o las milicias de Hamas y Hezbolla, que cuentan también en Teherán con un benefactor, pueden verse de rebote favorecidas por los nuevos ingresos que conseguirá su nada encubierto patrocinador. Y así podíamos seguir enumerando factores que se ven alterados por un acuerdo que tiene el potencial de cambiar las estructuras de poder que rigen en esa convulsa región desde hace bastante tiempo. Y ya saben que esos cambios pueden ser para bien, para mal o para vaya usted a saber dónde.

No hay que ser ingenuos tampoco en este asunto. Irán accede al pacto por la presión internacional y el ahogo económico antes comentado, no por arrepentimiento ni renuncia propia a la bomba. Como bien dijo ayer Obama, la base de este acuerdo no es la colaboración, sino la verificación. Inspectores internacionales se podrán mover a sus anchas por el país durante años, comprobando que no se realizan actividades secretas y que lo firmado se cumple. Como en el caso griego, la desconfianza provoca que sea necesaria una supervisión mucho más intensa sobre el terreno, y en ella es en quien debemos depositar la esperanza de que el acuerdo rubricado se lleve a la práctica. Ojalá sea así

martes, julio 14, 2015

Guindos no presidirá el Eurogrupo

Haciendo un chiste muy malo, puede decirse que los miembros del Eurogrupo han preferido seguir con Apple antes que cambiarse a Guindos. Tras más de un año de campaña, vendiendo el resultado de la votación de ayer como si fuera un hecho cierto, la derrota de Guindos en la carrera por presidir el Eurogrupo, además de ser una mala noticia para España en su conjunto, es una nueva muestra de hasta qué punto el gobierno de Rajoy vive, como otros tantos gobiernos, en una realidad paralela, en la que confunde ilusiones con certezas, gigantes con molinos y se estrella una y otra vez contra sus aspas. Así no se va a ningún lado.

No quiero fijarme tanto en las implicaciones políticas de este fracaso, que las hay, sino en el hecho fundamental de suponer que algo sucederá. Rajoy cometió un enorme error al dar por sentado que, algo que no depende de él, pasaría. Ya suele ser difícil que lo que depende en exclusiva de nosotros mismos lo logremos, bien porque no es nuestro día o porque surjan imprevistos que lo alteren, pero en un juego en el que controlamos una de las piezas, y ni si quiera la principal, afirmar como se hacía desde Moncloa hace varios meses que ya se trabajaba con que, dando por segura la elección de Guindos, habría que hacer cambios en algunas piezas del gobierno resulta ser, visto con perspectiva, ridículo. Rajoy ha hecho campaña por su ministro, probablemente con el mismo estilo decimonónico con el que la hace para los suyos en España, y que resulta tan poco efectiva allí y aquí, y en una votación de diecinueve países en los que cada uno cuneta lo mismo de nada sirve que Alemania nos apoye. Partíamos con un hándicap de cara a esta elección, y es que pese a que nuestras cifras de crecimiento ahora son lustrosas, nuestra macro sigue siendo desoladora. Debemos un 100% del PIB y tenemos un 23% de desempleo, esas son nuestras credenciales básicas. ¿Qué lecciones podemos dar al resto de Europa en esos aspectos? Básicamente que no sigan nuestro ejemplo. En el transcurso de la crisis griega, donde se ha polarizado y extremado el debate, no consta en ninguna parte que hayamos jugado papel alguno. Somos público que aplaude y acepta el final de la obra, pero que ni participa en el guion de la misma ni, mucho menos, en la representación. Es evidente que no poseemos liderazgo comunitario, y que poco a poco nuestra representación en Bruselas ha sido reducida a la nada. Contábamos con la promesa de alcanzar el cargo de ayer, y el gobierno se las veía felices. Ahora, tras la derrota, España dirige una subcomisaría, que es el cargo que ostenta Arias Cañete, y muy poco más. Es cierto que estamos infrarepresentados, y habrá que pensar mucho cómo y por qué hemos llegado a este punto tan bajo. Nunca debimos dejar escapar la silla que teníamos en el BCE, que dejó González Páramo, y perder ese hueco fue nuestra mayor derrota. Ahora toca lamerse las heridas, fabricar excusas por parte del gobierno para justificar lo que no es sino una derrota absoluta (es triste e infantil, pero se hará), celebrar la pérdida por parte de la oposición política (es igualmente triste e infantil, pero se hará) y, en otros ámbitos y puestos, seguir intentándolo hasta lograr alcanzar algo.


Y la moraleja, para el gobierno y todos nosotros, es obvia. Humildad, humildad y siempre humildad. Cuando logres el éxito, celébralo y da las gracias a los que te han ayudado, que seguro serán muchos, pero nunca lo des por hecho hasta que lo tengas. Lo de “hasta el rabo todo es toro” es una frase hecha que tiene mucho sentido y advierte de que el peligro no desaparece hasta que desaparece. Tan sencillo como eso. Hoy en Moncloa debieran hacérselo mirar, y los medios que han dado por hecha esta victoria, ahora tendrán que reflexionar de hasta qué punto sus fiables fuentes no son sino caños huecos. Ya lo decía el personaje interpretado por Rosa María Sarda en “Belle Epoque”.. “comportaos, que estamos en el extranjero”.

lunes, julio 13, 2015

Grecia claudica, la UE pierde

La interminable crisis griega ha vivido este fin de semana otro apasionante capítulo en el que, como en las mejores tramas, la realidad ha dado un nuevo giro y nada de lo que se suponía ha pasado. Se esperaba, tras la nueva propuesta griega, salida tras el referéndum del No, que los socios comunitarios acabaran aceptándola, dado que ya era de por sí más complaciente con los acreedores que lo que supuestamente rechazaron los griegos en las urnas. Venía a ser un “no pero sí” extraño y sin mucho sentido. El viernes por la tarde parecía que las cosas iban a discurrir, sino tranquilamente, al menos sin demasiados sobresaltos.

Pues no, mira por donde, no ha sido así. La reunión del Eurogrupo del sábado, que empezó de manera cordial, se fue torciendo poco a poco a medida que las exigencias de los acreedores iban subiendo de tono. La posición dura estaba encabezada por Alemania, Finlandia, Holanda y varias repúblicas bálticas y del este. Las tres primeras naciones, grandes contribuyentes a los rescates, el resto, pequeñas pero que han sufrido en sus carnes duros procesos de ajuste. Los blandos, por así llamarlos, liderados por Francia, Italia y la propia Comisión Europea. España, como siempre en estos casos, no pinta nada, no tiene postura conocida, y acaba sumándose al acuerdo que haya, sea el que sea. La sensación general a medida que se ponía el sol en Bruselas era de que muchos países estaban hartos de Grecia, de sus incumplimientos, de sus promesas maravillosas nunca llevadas a la práctica, de sus planes que tan bonitos quedan sobre el papel y que nada acaban siendo, y de todo el mareo que han supuesto estas semanas de debates, rupturas y referéndum. Con la situación de los bancos helenos al borde del colapso, el corralito implantado sin fecha de fin y el control de capitales con el exterior en vías de convertirse en permanente, la economía griega se hunde, y la posición de debilidad del gobierno de Tsipras es total. “Esta es la nuestra” debieron pensar los acreedores, y presentaron una propuesta dura, muy dura, mucho más que la que hizo levantarse a Tsipras de las negociaciones hace un par de semanas y que fue rechazada por el voto popular. La falta de confianza de los socios con Grecia había llevado a exigirle unas garantías e imponerle unas condiciones draconianas. Nada de reestructuración de la deuda, nada de concesiones y nada de tiempo. El catálogo de medidas de reforma que tenía el gobierno de Atenas sobre la mesa, y que debía poner en marcha en apenas unos días, era una enmienda a la totalidad del programa de gobierno con el que Syriza llegó a las elecciones. Asumirlo implicaría la renuncia a su, por otra parte excéntrico, ideario, y una situación en la que el gobierno, deslegitimado, debiera escoger entre llevar a cabo esas medidas o renunciar. Para más inri, y a propuesta de Alemania, se ofrecía a Grecia la opción de reestructurar su deuda, sí, pero en el caso de que saliera temporalmente del euro durante cinco años. Asombroso. Era un “o lo tomas o te vas” muy literal, y que acabó por enturbiar la reunión del Eurogrupo, alargarla hasta la noche del Sábado y volver a convocarla, para no llegar a un acuerdo, la mañana del domingo.

Ayer por la tarde, en la reunión de jefes de estado de los países del euro, la situación era la misma. Tsipras, acorralado, asaeteado por el resto de países, que ven en él a un personaje nada fiable, tenía sobre la mesa ese cerrado y duro paquete de condiciones que, aunque finalmente se suavicen algo en un acuerdo final, suponen la rendición absoluta de su gobierno y figura. En el juego de los faroles la UE mostró a Grecia hasta qué punto se puede castigar al que juega sin cartas y marea la perdiz. Pase lo que pase, ayer fue un mal día para el conjunto de Europa, un nuevo enfrentamiento entre las naciones que lo conforman, y la sensación de que la crisis griega ya ha destruido algo en el seno de la UE que costará volver a arreglar.

viernes, julio 10, 2015

Veinte años del genocidio de Srebrenica

Nos jugamos mucho con Grecia. Nos va en ello bastante más que el dinero, y eso que no es poco. La credibilidad, el futuro del proyecto europeo, el tratar de tapar heridas reabiertas estos días, azuzadas por los nacionalismos que nos han desagarrado a lo largo de siglos de guerras crueles y carentes de sentido. Un acuerdo griego, aun malo, y probablemente provisional, es mejor que cualquier otra cosa, y desde luego mejor que la salida. Quizás no haya alternativas buenas, y debamos optar entre lo malo y lo peor. En ese caso, no lo duden, usen la teoría del mal menor de Ignatieff y dejen que los griegos nos engañen con sus cuentas. Eso antes de que veamos escenas no deseadas en Atenas.

Coincidiendo con este escenario convulso, se cumplen ahora veinte años del genocidio perpetrado por las tropas serbias sobre el enclave bosnio de Srebrenica. Más de ocho mil musulmanes bosnios fueron asesinados en pocos días por soldados de las milicias serbobosnias que eran dirigidos por el militar Radtko Mladic y espoleados por el psicólogo y líder de aquel sueño panserbio que se llamaba Slobodan Milosevic. Tras años de guerra, en los que el sitio de Sarajevo fue lo más conocido del conflicto, la vileza y crueldad que se desató en aquella región de, sí, Europa, alcanzó simas como no las había tocado desde la II Guerra Mundial, una guerra iniciada como otras tantas en, sí, Europa. En las guerras de los Balcanes de los noventa, donde año tras año el conflicto se extendía entre todas las regiones para dejarlas lo más arrasadas y étnicamente “limpias” posibles, la absoluta responsabilidad de lo sucedido fue de, sí, Europa. No quisimos ver lo que allí se estaba fraguando, no quisimos actuar para evitarlo, no nos importaron sus consecuencias y, aún hoy en día, apenas sabemos nada de lo que allí pasó ni tenemos el más mínimo complejo de culpa al respecto. Srebrenica era, en teoría, una zona segura custodiada por soldados holandeses, encuadrados en las fuerzas de los cascos azules de la ONU. Esos soldados, que eran tan europeos como los que finalmente murieron y los asesinos que les mataron, no hicieron nada para evitar aquella matanza. Quizás no imaginaron lo que podía suceder, no les entraba en la cabeza que las fuerzas de Mladic, una vez rodeada y tomada la población, exterminarían a sus habitantes. Pensaron quizás que los trasladarían a un gueto, y allí les custodiarían, y su papel, como soldados de interposición, se limitaría a controlar la caravana de la vergüenza e impedir que nadie se cayera por los arcenes o quedara atrás. Mladic no hizo nada de eso. Separó a hombres, mujeres y niños, asesino a todos los primeros y a varios de los últimos, y usó a las mujeres como premio para sus valientes ejecutores. Y los cascos azules holandeses nada hicieron para evitar aquello. Nada. Y el resto de Europa hizo exactamente lo mismo. Nada. Cuando poco a poco empezó a salir a la luz lo que había pasado en aquella localidad bosnia el velo de la vergüenza empezó a cubrirnos y las manifestaciones de duelo se sucedieron. Duelo falso, lágrimas de cocodrilo, muy habituales en Europa, con llamadas a posteriori para evitar lo que se produzca lo que ya sabíamos que se estaba produciendo ante nuestros cerrados ojos. Al igual que hoy en día lamentamos las muertes de la inmigración ilegal pero no hacemos nada para evitarlas, entonces no hicimos nada para evitar unos asesinatos que pocas voces, pero muy claras, nos advertían de que podrían tener lugar. No escuchamos aquellas voces. Y gracias a eso, varias miles de voces fueron apagadas para siempre, sobre la torturada y sangrienta tierra de Europa, a manos de europeos.

Hace poco he terminado de leer un libro conmovedor llamado Sarajevo, escrito por el periodista Alfonso Armada. Cronista internacional de prestigio, ahora en el ABC, en la guerra de Bosnia trabajaba para El País. En este libro Armada incluye los artículos que enviaba a la redacción sobre el sitio a la capital Bosnia e incluye sus reflexiones, en las que busca la esperanza en medio de la amargura e impotencia de saber que lo que narra no evitará ninguna muerte, porque a nadie le importa la guerra. El libro acaba en el presente, en un viaje que Armada hace con viejos compañeros de aquellos tiempos a Srebrenica. Léanlo, descubrirán lo que es periodismo de verdad, y homenajearán a quienes perdieron la vida en Europa, hace veinte años.

jueves, julio 09, 2015

El derrumbe de la bolsa china

Metidos de lleno en el inmenso berenjenal griego, no prestamos atención a lo que sucede más allá de los límites de la UE, y siguen pasando cosas que nos debieran importar. Una de ellas, mucho. Tras tres semanas de caídas, esta cuarta de desplome ha puesto en el foco a la bolsa china, que acumula pérdidas de más del 30% en este corto periodo de tiempo. Bajadas superiores a los cinco puntos porcentuales durante varios días, suspensión de la cotización de algunos valores, sumidos en un desplome lleno de pánico que les hace imposible cotizar… los inversores chinos viven en sus carnes algo que todos hemos conocido por aquí. Bienvenidos al pinchazo de la burbuja.

Quizás la anterior afirmación sea un poco arriesgada, pero es lo que parece. Tras años, décadas de explosivo crecimiento en el gigante asiático, que lo ha hecho aún más gigantesco, China se enfrenta a un reto estructural muy serio, que debe afrontar con cuidado para no cometer errores y poder seguir adelante. Durante estos años el patrón de crecimiento chino se ha basado en bajos salarios, lo que le ha permitido ser la fábrica del mundo, y tremendas inversiones, tanto públicas como privadas, que le han permitido inaugurar obras faraónicas por todo el país, y en este caso el adjetivo corre el riesgo de quedarse corto. Y todo ello, como no, desde el dirigismo del dictatorial gobierno de Pekín. Ahora mismo las cosas han cambiado. Los salarios chinos han empezado a crecer y la competencia de otros países vecinos hace que parte de las fábricas abandonen su suelo rumbo a destinos más baratos (sí, China está empezando a aprender el significado del término deslocalización). Muchas de las infraestructuras construidas empiezan a verse como redundantes o, desde luego, carentes del rendimiento económico que se esperaba de ellas. Millones de viviendas levantadas a todo correr pueden acabar convirtiéndose en bloques fantasmas, erigidos en medio de una nada que nunca será habitada del todo. Y todo ello en un mar de deuda, pública y privada, destinada a financiar esas inversiones y el abastecimiento ingente de materias primas, tanto para “humanos” como para la economía, que han tirado de la economía de medio mundo durante estos últimos años. El sistema financiero chino, intervenido en parte, situado en la más absoluta sombra en otra, es una caja negra en la que nadie sabe muy bien qué es lo que se esconde. De ahí que este derrumbe bursátil, que muestra todas las características clásicas de los habidos en otras partes del mundo, pueda ser la antesala (o no) de una caída en muchas de esas entidades financieras que han vivido al margen del sistema, y de empresas no financieras que, endeudadas hasta los ojos, han podido sobrevivir mientras el disparo económico no tenía fin. Por eso, y porque toda burbuja sólo es plenamente identificada una vez que nos ha estallado encima, hay que seguir muy de cerca lo que pasa en el mercado de Shanghái, donde el interventor gobierno chino está haciendo todo lo posible para que las cotizaciones se frenen, bien inyectando liquidez o directamente suspendiendo cotizaciones. A ver de lo que es capaz el partido único ante la fuerte marejada económica.

Se dice, y con razón, que China es otro mundo, tanto por la inimaginable dimensión de su población como por su régimen político, filosofía de vida y características culturales. Pero ahora, tras años de expansión sin fin, se enfrenta a un reto tan complejo y peligroso como el que vivió Japón tras el derrumbe de su burbuja o EEUU tras la crisis subprime. Cada crisis en cada país y época es diferente, cierto, pero todas comparten elementos comunes que sirven para identificarlas, y la historia demuestra que provocan daños, de mayor o menor entidad en cada caso, pero persistentes y difíciles de gestionar. No creo que China sea una excepción. Mucho ojo con lo que allí pueda pasar, afectara a todo el mundo.

miércoles, julio 08, 2015

La ola de calor no se acaba

Es verano, 8 de Julio, pese a que empieza a notarse que el día acorta por la mañana, aún es larguísimo. Nos acercamos a la canícula, ese periodo entre mediados de Julio y Agosto en el que, debido a la inercia térmica, se suelen situar los días más cálidos del año, pero en el tórrido año 2015, que ya nos ofreció un Mayo de calores saharianos muy extraños, la canícula parece que se ha instalado con nosotros desde hace mucho tiempo y no tiene intenciones de aflojar. En Madrid llevamos unas dos semanas bordeando o alcanzando los 40 grados, y muchas regiones quisieran que no se pasase de ese valor disparatado, dado lo que sufren a diario.

Este año está batiendo records de máximas en muchísimas partes, aunque también hay que señalar que en la costa cantábrica y mediterránea las temperaturas están siendo las normales, y que en zonas habitualmente muy cálidas como en Extremadura no se está produciendo el habitual disparo de calor. Lo hace, sí, pero no de manera extraordinario. En esta ocasión somos los de la zona centro, y el valle del Ebro y Guadalquivir los que nos llevamos la palma de las temperaturas. Madrid, en donde en verano hace calor, está siendo uno de los lugares más agobiantes de España, y claro, aquí se junta todo. No sólo el absolutista sol que no deja de golpear cada minuto del día, sino el ambiente urbano que contribuye a recalentarlo todo. Asfalto que amenaza con derretirse, coches a millones que no dejan de exhalar humos y calentarse en ruedas y chapas, edificios que acumulan calor en sus paredes y techos, y que cuanto se mete el sol lo sueltan poco a poco, para que la noche siga cociéndose a fuego lento, y miles, millones me atrevería a decir, de cajas de aire acondicionado, que hacen soportables muchas viviendas, pero que sueltan un continuo calor desde sus extractores a la calle, haciendo aumentar la sensación tórrida que impera por todos lados. Si uno pasea por ahí es imposible que no sea alcanzado por el ardiente chorro emitido por uno de esos extractores, que unido a la corriente natural de aire le hace a uno tener la sensación de haberse caído en el interior de un aparato secador de manos de esos que hay en los baños públicos. Cuando se pone el sol y llega la noche, el visitante de Madrid confía en que la temperatura se acompase a la luz, y se vaya amortiguando, pero no es así. Las noches de verano en el interior de la península pueden llegar a ser un lujo con su calidez y la oportunidad que ofrecen al ocio y disfrute de la oscuridad, pero se convierten en auténtica tortura a la hora de conciliar el sueño, de encontrar descanso o, simplemente, un momento en el que no sudar. Vecindarios que a eso de las 12 de la noche bullen de actividad como en plena hora punta, y en los que multitud de ventanas abiertas se asoman a la noche, como las boquillas de los peces cuando les sacan del agua, tratando de respirar un poco y conseguir un aliento que les permita seguir adelante. Noches de nula intimidad, en las que se oyen las televisiones, radios y demás equipamientos caseros, se ve como se cena con poca luz, tardíamente, y a veces en semidesnudez, donde se escuchan conversaciones, discusiones, llamadas telefónicas, sexo ocasional (de algunos valientes que le cogen el gustillo a lo de sudar juntos) y el ronroneo continuo de los aparatos de aire acondicionado, que se convierten en la banda sonora de la noche. A medida que la actividad de las casas disminuye ese rumor de aire artificial aumenta su presencia, y se hace el dueño absoluto de una noche en la que por desesperación, o puro agotamiento, las voces y actividades humanas se apagan.

Y al poco, tras una noche nada reparadora, en la que el sueño ha sido volátil y ligero, como el aire cálido que todo lo rodea, suena el despertador, y por las ventanas abiertas de casa se cuela una pequeña brisa que, a veintitantos grados, asemeja ser un refrescante soplo de aire puro. Y el sol amenaza al fondo con volver a dominar un nuevo día en el que la ciudad, recalentada, se expandirá, se dilatará toda ella, con sus habitantes incluidos, en la búsqueda de una sombra o respiro que le permita llegar a esa nueva noche en la que, como los sueños de ligue nocturno, la frustración será la nota dominante tras comprobar que, con la caída del sol, la temperatura sigue haciendo acrobáticos ejercicios en las alturas.

martes, julio 07, 2015

Grecia, o el milagro de la normalidad

Mientras que la crisis griega sigue desbordándonos en su complejidad, mostrando decenas de aristas a cada cual más difícil de evaluar, la situación en las calles de Atenas se complica a medida que el corralito cumple días, la restricción monetaria se convierte en escasez y particulares y empresas empiezan a encontrarse faltos de efectivo unos e imposibilitadas las otras para efectuar transacciones y pagos, dado el cierre bancario. Poco a poco la economía se esclerotiza y estrangula, lenta pero de manera imparable. Haya acuerdo hoy, mañana o cuando sea, el destrozo que esta situación ejerce sobre la economía local es inmenso.

Lo de Grecia también nos sirve para recordar que muchas de las cosas que damos por supuestas en nuestro día a día son mucho más frágiles de lo que parecen, y requieren que haya mucha gente, e instituciones, trabajando y cooperando para que sucedan, aunque nosotros sólo veamos pequeños frutos de ese inmenso trabajo. Abrimos el grifo y sale agua, pulsamos un interruptor y se enciende la luz, hacemos click en un enlace y saltamos de web en web, y así miles de situaciones cotidianas en las que apenas reparamos, que son naturales, porque para nosotros siempre han existido, y nos parecen tan obvias como el aparente (y falso) ascenso y descenso del sol sobre nuestras cabezas. Cuando se produce una huelga en uno de estos sistemas básicos es cuando empezamos a intuir el papel de quienes trabajan para respaldarlo. Deje unos cuantos días sin mantenimiento la red eléctrica de una ciudad o país y verá como empiezan a producirse apagones, pequeños en un principio, pero que irán a más. Abandone el metro de una ciudad a su antojo durante unas semanas y las líneas empezarán a dejar de prestar servicio por caídas de tensión, inundaciones, roturas de trenes y cualquier otro desperfecto que, poco a poco, irá agrandándose hasta convertirse en un serio inconveniente. En los cajeros automáticos, que son nuestra habitual fuente de billetes, y más en España, que posee un parque con una densidad, creo haber leído, como no la hay en el mundo, el milagro de meter la tarjeta, teclear unos números y sacar el dinero requiere técnicos electricistas, reponedores de billetes, encargados de logística, mantenimiento de los cajeros, etc. Pero junto a esa técnica, en este caso también hace falta un trabajo “oculto” de instituciones públicas y privadas para que sea posible, por un lado, acceder a esos billetes y para que, por otro, los billetes tengan el valor que se les supone. Muchos vivimos el momento milagroso de la nochevieja de 2001, cuando al acabar ese año los euros empezaron a circular. Iba uno al cajero en esa noche de fiesta y casi lo primero que hacía en 2002 era sacar unos billetes de colores que olían a nuevo, y los miraba con curiosidad y, hasta cierto punto, orgullo. Para que esos billetes llegasen hasta nuestras manos pasó mucho tiempo y esfuerzo técnico, sí, pero también consenso institucional y político. Recuerden que el 31 de diciembre de 2001 esos billetes no existían, no eran legales, no tenían valor, y tras las campanadas, sí. ¿Milagro? No exactamente. Consenso, que es algo parecido. En Grecia ese consenso, ahora mismo, no existe, se ha roto. Los cajeros pueden expedir billetes, sus ranuras están libres, los rodillos que los capturan, lectores de tarjetas, pantallas táctiles, todo está en orden. Pero falta el consenso político y financiero que permita que esos papeles puedan circular, al haberse roto muchas de las reglas que, aunque no se vean, les ofrecen el sustento debido. Desde los propios bancos, hasta el BCE y los gobiernos, sus reglas deben cumplirse para que el billete salga de la máquina, en algo que es mucho más que un mero ejercicio mecánico.

Y si, como sabemos por experiencia, reparar una avería técnica puede ser algo muy difícil y costoso, en tiempo y dinero, arreglar un desaguisado institucional lo es mucho más, porque exige reconstruir ese consenso perdido y volver a unas reglas mínimas de funcionamiento que, al menos en este caso, permitan a la banca griega no saltar por los aires si no recibe la liquidez necesaria para sobrevivir día a día. El BCE, otra institución, tiene el poder en su mano en este momento, pero son muchas las personas y organismos que van, vamos, a tener que trabajar duro para que algo tan natural como sacar euros del cajero vuelva a convertirse en rutinario en las ciudades helenas. Recuérdelo la próxima vez que acuda a su cajero, hay un inmenso mundo oculto funcionando detrás de la pantalla, y no sólo de cables y palancas.

lunes, julio 06, 2015

Ahora que Grecia ha dicho que NO, Varoufakis se va

Es imposible superar la intensidad del guion del drama griego. Muchos creíamos que el referéndum de ayer iba a ser muy disputado, que iba a dar la imagen de un país fracturado casi por la mitad y, pese a que esperaba que ganase el sí, cualquier resultado iba a estar empañado por esa división interna. Pues resulta que no y que no. El país no se ha dividido, sino que de una manera contundente, un 60 a 40, ha votado por el No a la propuesta de acuerdo que se debatía, propuesta ya superada por los acontecimientos. El resultado, en principio el más difícil de los dos posibles, ha cogido a muchos por sorpresa, a mi también, y abre un escenario de incertidumbre aún mayor si cabe.

Y ahora ¿Qué? Pues la verdad es que no tengo ni idea. En teoría un Sí, pese a referirse a una oferta caducada, simplificaba la posibilidad de acuerdo dado que venía a respaldar la existencia de uno, en las condiciones en las que alcanzase. La traducción más literal del No es que Atenas no aceptará cualquier cosa como acuerdo, que sus líneas rojas de recortes en pensiones y estado de bienestar son inamovibles y que la reestructuración de la deuda tiene que estar encima de la mesa. Es decir, que o el acuerdo se parece mucho a lo que yo deseo o no hay acuerdo. Por el lado de las instituciones de la UE la situación también se ha complicado. Saben que si quieren ofrecer a Atenas algo que vaya a firmar debe incluir compromisos que respeten esos puntos, cosa que no desean hacer porque saben que sería una derrota para los acreedores en toda regla, pero lo más importante ahora es ese “si condicional” sobre el acuerdo, y es que hoy habrá voces que interpreten el No de ayer como un no a Europa, como un no al euro, como un no a las instituciones, y que la respuesta a un No es un No aún más grande. Algunos de los socios se plantean directamente la posibilidad de no negociar, y empezar el proceso de ruptura, pensando en el fondo que para qué negociar con unos señores que no respetan su palabra y que sólo van a firmar, y no cumplir, lo que deseen. Los resquemores, recelos y enemistades de los que hablábamos la semana pasada, y que no han dejado de crecer, son ahora mucho más importantes a la hora de llegar a un presunto acuerdo, y todas las declaraciones habidas desde hace unos días hasta ahora mismo no hacen sino dificultar el logro de ese necesario acuerdo. Sigo pensando que finalmente se alcanzará, porque la salida de Grecia de la UE sería un disparate para Europa y el suicidio para los griegos. El BCE es, ahora mismo, el único que puede otorgar a la banca helena la liquidez necesaria para poder afrontar los pagos de esta semana y comprar así tiempo para que el acuerdo, aunque fuera de mínimos, y sujeto posteriormente a costosas ratificaciones, lograse al menos tranquilizar al situación y permitir reabrir los bancos. La economía y los ciudadanos griegos no van a aguantar mucho tiempo la situación de corralito en la que viven, y el colapso de los negocios y empresas no tardará en llegar con el sistema financiero estrangulado. En plena temporada turística urge arreglar este problema de acceso a la liquidez, y lograrlo es la única manera de evitar que la macro helena se despeñe por completo y haga inviable cualquier ajuste a medio o largo plazo. ¿Es posible lograr el acuerdo? ¿Hay margen para sentar en una mesa hoy mismo a Grecia y a sus acreedores para que, en horas, en días, alcancen un mínimo entendimiento? No lo se.

Supongo que estas preguntas se las ha hecho por la noche Yanis Varoufakis, el ministro de finanzas griego, uno de los grandes protagonistas de la historia, y su conclusión ha sido que, pese a la victoria en el referéndum, su imagen ante Bruselas, chamuscada por completo, es un obstáculo para alcanzar ese acuerdo in extremis, por lo que acaba de anunciar, por sorpresa, su dimisión, para allanar el camino y facilitar las negociaciones, en otro apasionante giro argumental de esta historia que mantiene enganchada a la población de medio mundo como si de una telenovela se tratase. Esta jugada de Varoufakis tiene un potencial enorme, y habrá que ver a lo largo del día de que es capaz. Si pestañean, se lo pierden, porque esto es economía política en estado puro.

viernes, julio 03, 2015

Rajoy acelera en su campaña (de gasto) electoral

Se acercan las elecciones generales, aunque no está claro cuándo van a ser y, desde luego, sui fuera por la voluntad de Rajoy, llegarían muy tarde. Sin embargo es inevitable que el ambiente preelectoral nos invada, a pesar de que nos encontramos a principios de un Julio tremendamente cálido y en el que la actualidad internacional no da tregua. En este ambiente, y entre nuevas acusaciones de corrupción, Rajoy anunció ayer un nuevo paquete de rebajas fiscales, que replica al que entró en vigor el 1 de enero de este año y que, desde la nómina de este mismo julio, supondrá una inyección de 1.500 millones en nuestros bolsillos.

Y para variar, aflora mi vena cascarrabias. Estoy en contra. Ya hace una semana escribí en contra de la posibilidad de que se nos reintegrara a los empleados públicos lo que nos queda pendiente de la extra retenida en 2012, y el argumento que utilice entonces sigue siendo válido ahora. Es una medida electoralista y que supone incrementar un gasto público que está fuera de control, y que año tras año genera un déficit que engorda nuestra deuda pública. Si Rajoy cree que le sobran 1.500 millones de euros, como político obsesionado por ganar las elecciones, que es lo que es, como todos, es lógico que lo derroche para comprar votos. Pero su fuera un buen presidente del gobierno, debiera darle otro uso a ese dinero. Le ofrezco aquí, sin pensarlo mucho, cuatro alternativas, dos de gasto y dos de ahorro, para que se sienta feliz y vea que hay donde escoger. Una primera de gasto sería, por ejemplo, reforzar las políticas de I+D+i, buscando el retorno de investigadores, dedicando ese dinero a un programa de becas que, con una duración de varios año, permita que científicos que han tenido que irse al extranjero puedan retornar en condiciones competitivas, u otorgándolo en bloque a proyectos de excelencia científica o de empresas innovadoras que estén desarrollando iniciativas (¿una asociación con el nuevo campus de emprendedores de google recientemente inaugurado en Madrid?). Otra de gasto, muy distinta, sería la de emplear ese dinero en la creación de un fondo de lucha contra la desigualdad que, por ejemplo, se destine a alimentar a niños que se encuentran en el umbral de la pobreza, o a surtir de recursos a bancos de alimentos o comedores escolares que, siendo verano, deben seguir abiertos para que muchos críos puedan comer en ellos lo que en sus casas sus padres no pueden proporcionarles. Entre las alternativas de ahorro, que serían mis favoritas en caso de hacer una elección rápida, la obvia es la de aprovechar para amortizar títulos de deuda pública viejos, de interés elevado, con lo que la media de intereses de nuestra deuda bajaría un pelo y el monto total, que ya está en el salvaje 100% del PIB se reduciría, casi nada, sí, pero algo por primera vez en mucho tiempo. Otra posibilidad de ahorro sería la de destinar ese dinero a reforzar el fondo de las pensiones, la hucha de la que no se deja de sacar dinero a manos llenas, ayer mismo más de 3.500 millones sin ir más lejos, mostrando que los ingresos vía cotizaciones no deben ir muy holgados, lo que es lógico dado que los nuevos cotizantes cobran menos que los antiguos y por ello sus aportaciones, pese a que numéricamente crezcan, no lo hacen proporcionalmente en el volumen recaudado. Destinar el dinero a ese fondo sería una muestra de responsabilidad intergeneracional y de compromiso con el mantenimiento de las pensiones públicas, hecho del que el gobierno alardea frecuentemente, y que, de hacerlo, sí podría exhibir con orgullo.

De hecho, cualquiera de estas cuatro medidas, bien vendida, se podría colocar como un éxito de la política del gobierno y, en el caso de las de gasto, generaría réditos electorales, que es lo único que interesa ahora mismo al PP (y resto de partidos). Sin embargo Rajoy ha optado por lo fácil, por fundírselo, por gastar la paga extra que, se supone, le ha caído, en la esperanza de que ese dinero extra anime el consumo y tire aún más de la economía hasta el sprint de finales de año, y ese mejor comportamiento económico se transforme en votos para su causa. El tiempo dirá si acertará en esta estrategia o no, pero desde un punto de vista macroprudencial, que es el que me importa, me parece un error de libro. Yo como usted, en previsión de lo que pueda pasar el año que viene, ahorraría el ingreso extra. Sea más prudente que el presidente.